Ni Venezuela, ni Irán, como ya dictaminó reiteradamente la justicia. Informes falsos, invasión de comunicaciones privadas, tergiversación, sí. Las calumnias se extendieron, el perjuicio fue cierto. El daño es irreparable. El Watergate contra Podemos supone una noticia esencial porque altera el sustrato político, los objetivos como sociedad. No es batalla electoral, es guerra sucia, que se ejerció desde el gobierno. Muy grave y no se le está dando la importancia que requiere. Por la propia dignidad de la democracia.
Nixon, como Sánchez, se sentía por encima de la ley, y también se defendió ante el escándalo atacando a jueces y prensa. Pocas frases hay, entre las muchas mentiras y medias verdades que circulan en nuestro mundillo político, tan absurdas y falsas como la repetida afirmación de que «no hay que judicializar la política», tan profusamente repetida por los separatistas catalanes. La afirmación es tan disparatada que a uno le asombra .Tal frase significa, lisa y llanamente, «los políticos no debemos estar sometidos a la ley».