La bahía de Ussuri, en Rusia, era un vertedero de la era soviética lleno de botellas de vodka y cerveza y de porcelanas, un enorme basurero. Pero gracias al impresionante y fascinante poder de la madre naturaleza, la bahía, cerca de Vladivostok, ahora cuenta con una de las playas más hermosas del mundo.
Hace unos años, el profesor Evgeney Moskalev inventó (en Rusia, claro) una técnica que permite solidificar vodka. En realidad, con su invento cualquier bebeida alcohólica podría convertirse en un chute efectivo y seco, pero intuímos que poco placentero. Los primeros registros de esta bebida provienen de la Rusia del siglo IX y de la Polonia del siglo VIII. Su popularidad se extendió con los soldados rusos durante las Guerras Napoleónicas, y tras la Revolución Rusa, un fabricante se trasladó a París y comenzó una destilería.
En palabras de Basilio Rodríguez, director de Marketing de Destilerías Andalusí, «observando que el pasado año superamos con creces las expectativas de venta de nuestra Crema de Torrija, hemos decidido aumentar la capacidad productiva de la destilería en este sentido, con el objetivo de satisfacer toda la demanda actual existente alrededor de este producto tan arraigado en nuestra tierra».