La azada y el arado para el labrador, el yunque y el martillo para el herrero, el estetoscopio para el médico, la paleta y la grúa en la construcción y, en nuestro trabajo, por lo menos para mí, el bolígrafo, la pluma, el lápiz y, ahora, el teclado. Son las herramientas de trabajo para el que escribe. Me quedo con el bolígrafo pues es, sin duda, la herramienta que más utilizo. Contaré su historia.
Más de nueve de cada diez personas que se hacen tatuajes en Estados Unidos podrían estar exponiéndose sin saberlo a sustancias químicas que causan daño a los órganos, sugiere un estudio.
Buzz Aldrin ha abierto su baúl de viaje del Apolo 11. Sus recuerdos valen ahora precios extraterrestres: su bolígrafo, su chaqueta... objetos que le acompañaron a la luna y que hoy se han puesto en venta.
¿Cómo pueden estar equivocados todos esos memes y manuales que muestran cómo se utiliza un lápiz para rebobinar una cinta de casete? ¿Es cierto que los lápices más antiguos y los que se venden fuera de Norteamérica funcionan mejor? Averigüémoslo.