espués de cuatro días preguntándose por qué los horarios de entrada y de salida son tan estrictos, por qué las duchas son comunitarias, por qué hay barrotes en todas las ventanas y por qué los vecinos son gente tan peculiar como Ricardo «El uñas» o Eduardo «El tesorero», un matrimonio de Brighton ha empezado a sospechar que el apartamento turístico que alquiló para pasar una semana de relax en Madrid es en realidad una celda del centro penitenciario de Soto del Real.
El fiscal general del Estado es inocente. Su cargo es químicamente incompatible con la culpa. ¿En qué país bananero cometen delitos los jefes jerárquicos de la institución que persigue el delito? Es del todo imposible. Aquí no hace falta ni mencionar la presunción de inocencia. Basta verle la cara. García Ortiz es púrpura como un obispo, tiene por encima de la cabeza una pelusa de rulos y calza gafas honestas y redondas. Quien lo haya visto sonreír, pomposo y cubierto de medallas, sabe que no miento.