Las condiciones impuestas por la Unión Astronómica Internacional (IAU por sus siglas en inglés) para que un cuerpo celeste sea considerado planeta son: Que orbite alrededor de una estrella; que no sea un satélite de algún otro cuerpo; que tenga la suficiente masa como para que su gravedad haya superado la fuerza de cuerpo rígido, de manera que adquiera un equilibrio hidrostático, o en otras palabras, que tenga una forma casi esférica; por último y la condición más importante de todas, que haya limpiado la vecindad de su órbita.
En los últimos años, misiones como Cassini-Huygens, el Laboratorio Científico para Marte, New Horizons o Rosetta, entre otras, han revelado infinidad de nuevos detalles sobre los mundos que pueblan el sistema solar, desde Saturno y sus sorprendentes lunas hasta Mercurio, Marte o Plutón. Los grandes avances telescópicos han comenzado a explorar el séquito de objetos que orbitan más allá de Neptuno, las simulaciones computarizadas han reescrito los orígenes de nuestro humilde entorno galáctico y el descubrimiento de millares de exoplanetas...
Ya han pasado más de dos años desde que la sonda New Horizons pasó por Plutón. Nunca un artefacto humano había visitado un cuerpo del sistema solar tan lejano. El sobrevuelo de Plutón marcó el fin de la primera etapa de exploración del sistema solar y nos demostró que los planetas enanos y objetos del cinturón de Kuiper pueden ser mundos increíblemente complejos. Montañas de hielo de agua que flotan en glaciares de nitrógeno, una atmósfera tenue con múltiples capas de sustancias orgánicas y la existencia de posibles criovolcanes.
Otro recordatorio de que los días en que el científico solitario hacía grandes avances en su laboratorio solitario se ven hoy contrarrestados por el vasto esfuerzo de equipo que se requiere para que muchos experimentos continúen. Así, los ejércitos involucrados en la astronomía de ondas gravitacionales, y las demandas de grandes cantidades de dinero y grandes números de investigadores en nuestros aceleradores de partículas. También con la exploración espacial, como lo demuestra la llegada de los primeros resultados de New Horizons.
Hace cinco años atrás la sonda New Horizons sobrevoló rápidamente a Plutón. El breve encuentro cambió por completo lo que sabíamos del planeta enando, y nos mostró un mundo fascinante al que seguimos conociendo hoy día. En efecto, el análisis de los datos enviados por la sonda continúa y arroja resultados sorprendentes. En primer lugar Plutón es montañoso como nuestro planeta por ejemplo, y por si fuera poco los elevados picos plutonianos están cubiertos de nieve, en este caso de nieve de metano.
Michael E. Brown es profesor de astronomía planetaria en el Instituto Tecnológico de California. Ayudó a descubrir el Cinturón de Kuiper de nuestro sistema solar, que es similar al cinturón de asteroides, pero contiene hasta 200 veces más material. Se extiende desde la órbita del octavo planeta, Neptuno, hasta unas 50 veces la distancia de la Tierra al Sol. A principios de 2016, Brown y Konstantin Batygin describieron cómo las órbitas similares de seis cuerpos pequeños en el sistema solar exterior podrían podrían explicarse por otro planeta.
Una de las muchas sorpresas que nos dejó la breve visita de la sonda New Horizons a Plutón fue la de descubrir que su atmósfera tiene una serie de capas azules. Los científicos creen que están formadas por una niebla fotoquímica que es resultado de la acción de la luz del Sol en el metano y otras moléculas de la atmósfera de Plutón. Esto hace que se produzca una compleja mezcla de hidrocarburos como acetileno y etileno presentes en forma de partículas de menos de un micrómetro de tamaño que tienden a dispersar la luz azul, de ahí el color.