Domingo, once de la noche. Una vieja amiga de la Universidad interrumpe mi duermevela escribiéndome un Whatsapp: “¿Has escrito algo acerca de las fronteras de los océanos?”. Pues mira, llevo cuatrocientas y pico entradas en el blog y la verdad es que no. “Un amigo mío estuvo en Perth y otros sitios de Australia y quería saber en qué océanos se había bañado”. Me molestan sobremanera esos amigos de amigos que hacen con total tranquilidad cosas que a uno se le antojan extraordinarias. Pero una amiga es una amiga así que solventemos su duda.
Los océanos son una de las últimas fronteras de la exploración, un territorio donde todavía queda muchísimo por explorar y por investigar. De hecho se calcula que el 95 % de los fondos oceánicos están sin explorar. Por ello, la Sociedad Geográfica Española (SGE), ha querido que los océanos sean los protagonistas de su “Mes Geográfico”.
Como si padecieran anemia, los océanos están faltos de hierro y eso es un problema porque ello propiciará que se conviertan en desiertos marinos tal y como ha apuntado Andrew Bowie, oceanógrafo químico de la Universidad de Tasmania.
Un equipo formado por investigadores de las universidades de Nueva York, Reino Unido y California-Berkeley ha confirmado que el calentamiento de los océanos viene siendo constante desde los últimos 75 años, tal y como revelaron los datos climáticos publicados en la revista Science en 2015.
La fundación The Ocean Cleanup calcula que los ríos de todo el mundo arrastran cada año entre 1,15 millones y 2,41 millones de toneladas de plástico a los mares y océanos. Dos tercios de esa esa masa de plástico proceden de apenas una veintena de ríos, una corta lista liderada por el río Yangtsé, en China, que vierte cada año 330.000 toneladas de plásticos en el Mar de China. Le siguen el río Ganges, en India, y otros ríos chinos y de otros países asiáticos.
Hasta la mitad del agua de los océanos de la Tierra puede provenir de los impactos de asteroides en la historia temprana del planeta "azul", sugiere una investigación de la Universidad Estatal de Arizona (ASU, por sus siglas en inglés).
En el Océano Pacífico occidental, en una zona equidistante del arco que forman las islas de Japón, las Filipinas y la isla de Nueva Guinea, se encuentra el área más profunda de los océanos, la conocida como Fosa de las Marianas por su proximidad a las islas del mismo nombre (a unos 200 kilómetros al
Cerca de 250 billones de toneladas de agua fría, salada y rica en oxígeno se hunden cada año cerca de la Antártida. Esta agua se propaga hacia el norte y transporta oxígeno a las profundidades de los océanos Índico, Pacífico y Atlántico. "Si los océanos tuvieran pulmones, éste sería uno de ellos", afirma el profesor England. El declive de esta circulación oceánica estancará el fondo de los océanos y generará nuevos impactos que afectarán al clima y a los ecosistemas marinos durante siglos.
El gran Guillaume Néry nos vuelve a sorprender con otro de los maravillosos vídeos de sus inmersiones en apnea. En esta ocasión, con "One Breath Around The World", juega a bucear en distintos paisajes submarinos, de una belleza deslumbrante. El momento más bonito, a mi juicio, es cuando se mueve entre los cachalotes dormidos, suspendidos bajo el agua como moles misteriosas. Qué envidia poder hacer algo así.
Una serie de anomalías muy locas se están dando a la vez en los océanos y tienen a una parte de la comunidad científica (la que al menos se atreve a mirar al problema y comentarlo) muy, pero que muy preocupada. Hagamos un pequeño repaso de lo que se sabe hasta la fecha.
En el fondo de mares y océanos, allí donde las placas tectónicas se van separando, a menudo se forman grietas. Por ellas se proyecta hacia el exterior agua de mar en la que abundan sustancias disueltas y partículas en suspensión procedentes del magma terrestre. Son fuentes hidrotermales o fumarolas. El agua que surge de ellas procede de la zona adyacente, se introduce en la base e interior de las mismas a través de fallas y de rocas porosas, y sale a temperaturas que pueden superar los 400ºC.
Dondequiera que vayan los seres humanos, por lo general dejamos un rastro de contaminación detrás, y parece que esto se aplica incluso a la carretera desatada, como partes inexploradas de las trincheras más profundas del océano. Los crustáceos que viven 10 kilómetros (6 millas) debajo del nivel del mar se han encontrado para llevar a altos niveles de productos químicos industriales dañínos.
Para las especies oceánicas, los seres humanos somos como ese vecino que pone la música a toda pastilla hasta las 5 de la madrugada… cada día de la semana. Nuestra actividad ha modificado por completo el paisaje sonoro del mar y ha alterado la vida de centenares de especies marinas. Tanto, que en algunas zonas del planeta como el Mar del Norte el ruido antropogénico puede llegar a ser ensordecedor.
Los científicos están alarmados porque las temperaturas de la superficie del mar se obstinan en mantener máximos históricos durante más de un mes, llevando el estado de los océanos de la Tierra a un territorio desconocido. A partir de mediados de marzo, los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) dan un salto espectacular con respecto a registros anteriores, tras los mínimos registrados este año tanto en el hielo marino del Ártico como en el de la Antártida.
Lo primero que vimos en nuestros cielos fueron los Chemtrails. Ahora los gobiernos lanzan aquatrails tóxicos en los océanos. Las emisiones impares no se disipan normalmente de acuerdo a patrones de reactivación Kelvin. Los oceanógrafos en el Instituto de Tecnología de Wyoming han denominado estas dispersiones “Aquatrails”.