Wilhelm Röntgen, el físico que no quiso patentar los rayos X ni ponerles su nombre y donó el dinero de su premio Nobel
Era tan modesto y altruista que en 1901, cuando se le concedió el Premio Nobel de Física, donó las cincuenta mil coronas del premio a la universidad donde trabajaba, se negó a vender la patente porque quería que todo el mundo se beneficiase y no quiso que se pusiera su nombre