Hace unos días se conoció el avance de resultados del informe español del Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora 2021 (PIRLS, en sus siglas en inglés), elaborado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa del Ministerio de Educación y Formación Profesional con los datos publicados por la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA).
El 43% de los trabajadores presenta desajustes entre lo que estudió y la formación que necesita para su puesto de trabajo Que haya más gente que accede a la universidad no significa que sepan más que antes. El rendimiento medio en lectura de los universitarios de ahora es de 271 puntos, 10 menos que hace 10 años. Este resultado es uno de los más bajos de los países desarrollados. Un universitario español tiene peor nivel que un bachiller de Finlandia (288), de Suecia (283), de los Países Bajos (274) o de Japón (274).
Enseñar de manera explícita supone explicar lo que se va a aprender, dividir la tarea en pasos, poner ejemplos y hacerlo delante de los estudiantes para que nos imiten. Cuando un lector experimentado se enfrenta a un texto, puede tener la sensación de que la lectura es una tarea sencilla; los símbolos de tinta nos llevan hasta un significado apenas sin esfuerzo. Pero para que eso suceda, múltiples procesos “invisibles” se deben poner en marcha.