Una vez más las dos montañas más altas de la Tierra se han salido con la suya. El Everest, el techo del mundo (8.848 metros), y el K2 (8.611 m.) se mantienen inaccesibles para los pocos himalayistas que se atreven con ambos colosos en pleno invierno, con temperaturas de 60 grados bajo cero y vientos de más de 100 km/h. Por eso los campos base de ambas cumbres se llenan de ilusionados montañeros en primavera y se vacían por completo cuando llega el invierno, aunque no siempre del todo.
Los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, como la edad, la hipertensión y la diabetes, contribuyen a la rigidez aórtica, la cual a su vez favorece el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y cerebrales, lo que aumenta el riesgo de demencia.
Se ha producido un nuevo escándalo en el montañismo. Unos escaladores que se disponían a subir el K2 han dejado morir a otro, gravemente herido, a 1.300 pies de la cima. Han pasado por su lado y lo han esquivado sin prestarle ayuda alguna.
A raíz de la muerte del pakistaní Muhammad Hassan en la parte superior del K2, quien permaneció varias horas vivo mientras quienes ascendían a la cima del K2 pasaban por encima de él sin hacer nada por ayudarle, Sebastián Álvaro reflexiona sobre cómo llegaron las montañas más altas y bellas de la tierra a convertirse en parques de atracciones deshumanizados donde el negocio es más importante que la vida de una persona.
La última novedad del JWST tiene que ver con la observación del planeta extrasolar K2-18b. El instrumento europeo NIRSpec y el canadiense NIRISS han detectado dióxido de carbono y metano en la atmósfera de este planeta situado a 124 años luz con un tamaño 2,6 veces el de la Tierra. Hasta aquí todo relativamente normal —al menos todo lo ‘normal’ que es estudiar la composición de una atmósfera exoplanetaria a más de cien años luz del Sistema Solar—, pero es que además han observado indicios de la presencia de dimetilsulfuro, un biomarcador
¿Ha encontrado la NASA o la ESA pruebas sólidas que avalen la existencia de vida en otro planeta? La agencia estadounidense responde diciendo: NO. «El JWST no ha encontrado evidencia definitiva de vida en un exoplaneta», afirma Knicole Colón, científica adjunta del proyecto del Webb en el campo de los exoplanetas. Añadió que «se prevé que las observaciones del JWST puedan conducir a la identificación inicial de posibles biofirmas. Esto podría hacer que la habitabilidad de un exoplaneta determinado sea más o menos probable. Se necesitarán mision