Del mismo modo que al feminismo le conviene no excluir a la derecha política para garantizar sus conquistas, le interesa que su causa tenga un marco europeo, a sabiendas de que no todos los socios de la UE comparten los mismos problemas ni tienen las mismas culturas en términos de igualdad.
La indignación y el estallido protagonizado por la generación millenial al calor de la crisis económica se ha transformado, más de ocho años después, en una suerte de satisfacción resignada. Estos son los sorprendentes resultados de una encuesta publicada por Funcas, en la que el perfil 'indignado' se emborrona frente a un grupo satisfecho en su vida precaria y convencido, pese a todo, de que vive mejor de lo que lo hicieron sus padres.
En la Puerta del Sol de Madrid hay un hombre sentado en el suelo vestido de Pikachu de cintura para abajo fumándose un pitillo junto a una enorme cabeza pokémon de gomaespuma. Y Mario y Luigi discutiendo en plan pablistas y errejoners. A su lado, un Homer Simpson con la camiseta de Messi y un Bart vestido de Cristiano. Es lo más parecido a un círculo o una asamblea que queda por aquí casi seis años después del 15M. Carmena prometió una placa que decía Dormíamos, despertamos pero ni rastro.