Tal y como explica a Sinc Stav Atir, investigador de la universidad neoyorkina y primer firmante del trabajo, el objetivo principal de estudio “fue probar si la gente se refiere a profesionales masculinos y femeninos de manera diferente”. Específicamente –agrega– “queríamos saber si las personas son más propensas a llamar más a los hombres por su apellido en ambientes laborales. Otro de los aspectos que pretendíamos probar es si el uso del apellido o el nombre para referirse a un profesional influye en cómo es percibido dicho individuo
“Si queremos transformar el mundo debemos empezar por nosotros mismos”. Con este slogan ha presentado su campaña la Asociación por el Respeto Anatómico Propio, que ha iniciado este año el debate sobre la necesidad de dar un paso más para proteger a las minorías desfavorecidas y prohibir los adjetivos despectivos referidos al propio cuerpo, incluso en la intimidad.