Nos preguntáis por la desinfección de la ropa con la COVID-19. El principal consejo a la hora de desinfectar la ropa es lavarla a 60º, para facilitar la penetración del detergente y porque los virus son muy sensibles a la temperatura, con un secado completo. Sin embargo, todo el que haya puesto una lavadora en su vida sabe que hay ropa que no se puede lavar a esa temperatura.
Con el mal tiempo y el frio es inevitable que al lavar nuestra ropa tengamos que tenderla dentro para que se seque. A todos nos ha ocurrido: las lluvias interminables o el frío invierno nos obligan a secar la ropa dentro de casa. Sin embargo, esta práctica, si no se realiza correctamente, puede dar lugar a humedades, lo que afecta a la calidad del aire en nuestros hogares y puede desencadenar prob
En las zonas donde el invierno es más crudo dónde la humedad, el frío y el mal tiempo están presentes en la mayoría de los días obliga a que una vez finalizada la colada, esta se tienda dentro de la vivienda para que la ropa se seque, ya que a la intemperie se convierte en misión imposible. Sin embargo, un estudio realizado por el Instituto de Investigación de Arquitectura Ambiental Mackintosh de Glasgow afirma que esta práctica es muy peligrosa para nuestra salud.
La industria textil emplea compuestos tóxicos que no solo afectan al medioambiente, sino también a la salud de los trabajadores de las fábricas. Estudios recientes indican que, según el uso y el tipo de ropa, los consumidores también podrían tener algo más que una simple alergia cutánea. Estos riesgos no están adecuadamente recogidos en las legislaciones sobre productos textiles, según los científ
una enfermera ha sido expedientada en el Hospital Clínico Regional de la localidad rusa de Tula, a 160 kilómetros al sur de Moscú, por ir a trabajar ataviada con una EPI bajo la que sólo vestía ropa interior. La mujer trabajaba en la zona de pacientes con covid-19.
El comercio de ropa segunda mano es una tendencia en auge y un negocio que no para de crecer. Al margen de las plataformas digitales, grandes cadenas de distribución como Alcampo y Carrefour comienzan a adentrarse en este segmento en España con la instalación de corners dentro de sus hipermercados.
El grueso del textil y de la ropa que se vende en la Unión Europea consume recursos de manera desaforada en su fabricación, utiliza productos químicos peligrosos, apenas recicla materiales y, en muchas ocasiones, emplea a personas en países en desarrollo en condiciones lamentables, la mayoría de ellas mujeres. Son algunos de los problemas derivados de la 'fast fashion' o moda rápida, basada en comprar y tirar cada año prendas apenas usadas.
A pesar de ser muy útil y ahorrarnos mucho tiempo, comprar ropa online puede darnos algún que otro disgusto. Este es el caso de esta mujer, que protagoniza otro ejemplo típico de lo que pides vs. lo que te llega.
Los consumidores franceses que lleven sus zapatos o su ropa a remendar, para ofrecerles una segunda vida, recibirán una pequeña subvención del Estado. La iniciativa se inscribe en la lucha contra el desperdicio de productos textiles, cuya industria es una de las que más contamina el medio ambiente, incluidos los océanos.
Cuba inauguró en La Habana su primera fábrica de computadoras portátiles y tabletas, con tecnología y materia prima china y una capacidad de producción de unos 500 equipos diarios. El tipo de computadoras portátiles que producirá son de sexta generación, mientras que las tabletas contarán con dos modelos, de 8 y 10 pulgadas, esta última con accesorios y un teclado que permite su conversión a una mini-ordenador y manejar capacidades de hasta un terabyte de información.
Es oficial. La enorme fábrica de Tesla, la Gigafactory, ya fabrica desde hoy mismo baterías a pleno rendimiento. El edificio, que se inauguró hace unos meses, todavía no está terminado, pero la compañía liderada por Elon Musk se ha puesto manos a la obra a producir todas las celdas que deberían satisfacer la demanda tanto para consumo en hogares como para los vehículos de la compañía.
Llegó a España desde Ghana hace varios años. Un migrante indigente de Ghana, de 52 años, Abraham I., quien malvivía en una fábrica abandonada de la periferia de València, junto con otros sin techo, ha muerto de cáncer hepático “al raso de la noche”, descubriendo su fallecimiento horas después compañeros suyos del lugar, una veintena, que habitan el insalubre lugar.