Este merchero salmantino tuvo que ganarse a pulso el apellido que había perdido tras robar unas gallinas. Antes era el Lute, enemigo público número uno del franquismo. Condenado a muerte, estudió Derecho en la cárcel, donde se convirtió en un símbolo de la libertad. Ahora escribe libros y diserta sobre la miseria humana y la cultura alienante.
“¡Señora! ¡tenemos una alerta de intrusión! ¡Baje ahora mismo!“ “Salí en pijama a explicarles que se podían ir en paz”, rememora. “Pero no me dejaban hablar y no paraban de gritarme. (...) me gritaba en la cara y le dije que a mí no me hablaba así. Entonces me cogió el móvil y me estampó contra la pared para ponerme las esposas”
Este periodo coincide además con la presencia en China de varios homininos de gran cerebro, como Homo longi, Homo juluensis e incluso posibles poblaciones tempranas de Homo sapiens. Restos hallados en otros sitios, como Xujiayao y Lingjing, sugieren que esta diversidad biológica pudo estar relacionada con la sofisticación tecnológica observada en Xigou.
Que a estas alturas, ya en pleno siglo XXI y no en la Edad Media, alguien pueda ser capaz todavía de plantearse si las mujeres y los hombres son iguales, no solo demuestra su estupidez infinita, sino también algo que es obvio: su alarmante escasez de neuronas.
La era de la estupidez (Age of stupid) es un documental dirigido por Fanny Armstrong, una documentalista británica, activista contra el cambio climático. Desde el comienzo la película advierte que lo que mostrará del futuro está basado en predicciones científicas y que lo que se verá del presente son imágenes verídicas, documentales. Tras esa advertencia la película nos traslada a un planeta Tierra devastado en el año 2055.
Es común comparar los juegos de azar, como la lotería y la quiniela, con un impuesto a la estupidez o ignorancia. La comparación se establece por las pocas chances de ganar, con lo que lo más probable es perder. Yo hice esta comparación varias veces. Pero esta analogía tiene tres problemas graves, a saber (..)
Dietrich Bonhoeffer fue un pastor luterano alemán que, durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, fue un importante y visible opositor al nazismo. Luego de ser capturado y llevado a un campo de concentración, se dedicó a la reflexión para intentar establecer cómo personas comunes y “de bien” había accedido a cometer atrocidades semejantes, sesgadas por el régimen al poder en ese entonces.
Cada vez más desarrolladores se atreven a hacer públicas las peticiones ilegales o escasamente éticas que les hacen sus jefes o clientes. Conforme avanza la automatización de nuestro entorno, el debate sobre la necesidad de un código deontológico para los programadores también se intensifica. En España, pocas carreras relacionadas incluyen una formación ética consistente.
Presas, embalses, canalizaciones, extracciones de agua… son muchas las formas en las que la actividad humana explota los recursos hídricos. “Desde hace tiempo se sabe que la actividad humana tiene un gran impacto en los ecosistemas fluviales; existen multitud de investigaciones al respecto”.