Tras dos años de seguimiento, biólogos del Departamento de Recursos Naturales de Michigan (DNR, por sus siglas en inglés) capturaron a un oso negro y le retiraron una tapa de contenedor que tenía incrustada alrededor del cuello. El animal había quedado atrapado en un orificio de casi 13 centímetros de diámetro de plástico azul. Los expertos aún desconocen cómo ocurrió el incidente.