Tanto los calamares gigantes como los colosales viven en las zonas abisales oceánicas. Gracias al amoniaco de sus tejidos consiguen igualar su densidad a la del agua de mar, lo que les proporciona una gran capacidad para flotar. Son animales depredadores pero, a la vez, también pueden ser presas. De hecho, han sido los restos encontrados en los estómagos de los cachalotes los que han permitido conocer las características anatómicas de estos cefalópodos de aguas profundas.
Un artículo publicado en ACS Food Science & Technology describe el uso exitoso de ingredientes vegetales para imitar calamares con la suavidad y elasticidad características de los mariscos reales. Las alternativas vegetales a los mariscos deberían tener sabores, texturas y contenido nutricional similares a los alimentos que imitan. Recrear las propiedades de los anillos de calamar fritos, que tienen un sabor neutro y una textura firme y masticable después de la cocción, ha sido un desafío.