En la Edad Media, si querías impresionar a tus invitados, no era sufuciente ofrecer buena comida. La clave estaba en las especias, pero no en cantidad moderada. Para los nobles con dinero, como condes o barones, un buen banquete debía estar lleno de sabor y de ¿pretensión? Jengibre, canela, pimienta negra, azafrán, nuez moscada y muchas más eran parte esencial de las recetas. No era raro encontrar un faisán cubierto con una salsa que mezclaba hasta 17 condimentos diferentes.
En la Antigua Roma, el banquete o convivivum era un ritual social sumamente importante. Según The Met Museum, se distinguen varios tipos específicos de estas reuniones, aunque principalmente se dividen entre públicos y privados. Era en estos últimos donde los anfitriones se esforzaban por agasajar a sus invitados no solo con comida y bebida deliciosas, sino también con exquisitas decoraciones, vajillas lujosas, diversas formas de entretenimiento y especialmente con bellos regalos.