Hace aproximadamente medio siglo, el astrónomo de Cornell Frank Drake condujo el Proyecto Ozma, la primera encuesta sistemática del SETI en el Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank, West Virginia. Desde entonces, los científicos han realizado múltiples encuestas con la esperanza de encontrar indicios de "firmas tecnológicas", es decir, evidencias de una vida tecnológicamente avanzada (como las radiocomunicaciones).
Si no tuviéramos suficientes excusas para construir ciudades flotantes en las nubes de Venus, aquí hay otro elemento que podemos agregar a la lista: la atmósfera inferior del planeta puede estar repleta de microbios extraterrestres. Como se detalla en un artículo publicado recientemente en Astrobiology, los estudios de organismos capaces de soportar ambientes extremos en la tierra –mejor conocidos como extremófilos– han hecho que la perspectiva de la vida microbiana en Venus sea más plausible en los últimos años.
El programa, que comenzó en 2016, pretendía responder a preguntas que nos han desconcertado desde el principio de los tiempos como ¿qué es la vida? ¿Qué significa estar vivo? ¿Dónde trazamos la línea entre lo humano y lo extraterrestre? ¿Cuáles son las posibilidades de vida sensible en otros lugares?
Elon Musk, uno de los magnates más famosos del mundo, y que ha tomado una mayor relevancia desde que adquirió la red social ‘X’, antes Twitter. El multimillonario no solo causa polémica por sus extravagantes compras e intereses, sino también por unas declaraciones que le están dando la vuelta al mundo desde hace varios meses.
A pesar de décadas de búsqueda, el misterio de por qué no hemos encontrado vida extraterrestre sigue siendo desconcertante. Una nueva teoría ofrece una respuesta aleccionadora: quizá las civilizaciones alienígenas progresen hasta un punto en el que sus avances tecnológicos provoquen un cambio climático catastrófico que provoque su propia extinción.