En el Antiguo Egipto, la figura del faraón era la de una deidad que caminaba sobre la Tierra. De él decían los papiros que «el terror que inspira abate a los bárbaros en sus países». Los súbditos le veían como el hijo de Ra (dios del Sol), como el señor del universo y como el heredero del creador. Su figura rezumaba poder ancestral y estaba rodeada además de la protección mágica de las divinidades. Por eso, atentar contra su vida significaba algo más que pensar en matar a un hombre.
La Audiencia Provincial de Oporto ha emitido una resolución en la que el juez a cargo de un caso de violencia de género, censura a una víctima de violencia de género y relativiza la agresión a la justifica mujer si esta es infiel.