La realidad es que, debido también a un accidente, sabemos qué pasaría. De hecho a alguien le ha ocurrido. El 13 de julio de 1978, un científico soviético llamado Anatoli Bugorski estaba revisando el equipo que funcionaba mal en el sincrotrón U-70, el acelerador de partículas más grande de la Unión Soviética en aquellos tiempos. Entonces el mecanismo de seguridad falló y un haz de protones que viajaba casi a la velocidad de la luz, le atravesó la cabeza.
“El objetivo final del FCC es proporcionar un anillo de 100 kilómetros para un acelerador superconductor de protones, con una energía de hasta 100 TeV, un orden de magnitud más potente que el LHC", aseguraba Frédérick Bordry, Director de Aceleradores y Tecnología del CERN. Algo que traducido resulta: 15.000 millones de euros para explorar los límites de la física contemporánea.
La gente del canal de ciencia divertida Beyond the Press se fue al laboratorio de la Universidad de Helsinki para tomar prestado por un rato su acelerador de partículas y enfrentarlo al indestructible Nokia 3310. ¿Qué pasaría cuando el chorrazo impactara contra el terminal? ¿Quedaría reducido a cenizas? ¿Se convertiría en un agujero negro?