Esclavos del éxito
Iker Jiménez, Elon Musk y Frank Cuesta han quedado un poco en el mismo tipo de situación calamitosa. Sus empresas funcionaron porque consiguieron vender sus trolas a un público muy amplio. Entonces acabaron podridos de dinero y/o se vieron rodeados de una inmensa burbuja de aduladores y fanáticos. Por lo que llegados a tales cimas de riqueza, poder y popularidad, seguro pensaron que no puede ser que la vida consista solo en "ordenar el cuarto", trabajar, reproducirse y ver partidos de furbol, que debe haber espacio para hacer política e intentar cambiar el mundo; y así se sintieron…