Todos los experimentos de la extrema derecha en el poder se han caracterizado por la expulsión de lo diferente y el expansionismo. Tanto de puertas para dentro como hacia afuera, en busca del espacio vital para los elegidos. Si pretendemos evitar sus ascensos debemos conocer bien sus debilidades, pero sobre todo sus fortalezas, esto es, en qué concretamente algunas personas perciben que están en lo cierto. Trazar una comparativa histórica puede ayudar a entender mejor cómo combatirla.
Pocas semanas antes del 1 de octubre del 2017, en algunas localidades españolas los policías nacionales y guardias civiles destinados a reprimir el referéndum independentista fueron despedidos al grito de “A por ellos, oé”. El cántico, entonado con un punto cavernícola, no era mayoritario en el resto de España, pero repetido y amplificado en redes sociales y medios de comunicación se convirtió en el mejor eslogan del independentismo. Era la constatación de que España (entera) los odiaba, que iban a por ellos.
Regresa el filósofo y ensayista Alba Rico con España (Lengua de Trapo), un libro que trata de acotar esa cosa nuestra tan esquiva e irreconciliable. Lo hace con un ensayo "muy personal, a ratos autobiográfico, intencionadamente decimonónico" sobre un país que no acaba de existir curtido en la exclusión y la desmemoria.
Hace ya algún tiempo, dediqué dos textos a analizar los cambios comportamentales provocados por las nuevas tecnologías en sus usuarios. A partir de mis vivencias personales y sociales, analicé, por una lado, el nuevo tipo de lectura o, mejor dicho, de seudolectura practicada por “el lector mariposa”; y, por el otro, la “degradación de la comunicación en la era digital”. Seudolectura y degradación de la comunicación, propiciadas por el uso y abuso del ordenador y del móvil, dos de las numerosas pantallas, hoy, al alcance de cualquiera....
La calidad de una democracia se ve también en los artículos de su Código Penal, en su independencia judicial y en su legislación, constitución incluida. O en su capacidad o incapacidad para resolver por medios políticos un conflicto político
La gestión de las vacunas y la vacunación y la correspondiente guerra planetaria para su venta parece que se puede convertir en un episodio trascendental, en una más de las ruedas que cambien el orden mundial y, aunque a Estados Unidos y a sus aliados siempre les quedará la fuerza, la coacción, probablemente, el daño ya sea irreparable en términos estéticos, morales, económicos y geopolíticos.
El filósofo y pensador Daniel Innerarity lanzó en una tribuna publicada junto a Serge Champeau en El País la siguiente hipótesis: la situación de odio que se vive en las democracias occidentales no conduce a nuevas guerras ni a más violencia. Muy al contrario, el odio podría estar sustituyendo la violencia. Los riesgos que acechan a la democracia no vendrían, por tanto, de la posibilidad de un golpe de Estado o una insurrección armada que desate la violencia o tome el poder, como en el siglo XX.
En tiempos de crisis como la que estamos padeciendo ahora a causa de la pandemia del coronavirus, hay personas capaces de dar crédito a las ideas u ocurrencias más rebuscadas. Claro que siempre ha sido así, pero han sido sobre todo las redes sociales quienes han dado alas a esta tendencia en lo que va de este siglo XXI que no hace sino ir de mal en peor. Mas antes de que existiesen, la gente siempre encontraba las maneras más inverosímiles de acercarse y abrazar con fervor movimientos ciertamente estrambóticos.
Un grupo de unos 100 economistas acabamos de subscribir una propuesta de reestructuración de la deuda pública que está en manos del Banco Central Europeo (aquí). La sometemos a discusión presentando las razones que nos hacen creer que es razonable, justa, legítima y legal aunque, a pesar de ello, no nos sorprende que algunos medios la presenten como una entelequia e incluso que desprecien a quienes la presentamos.
Sin quitarle méritos a la contratación de vehículos con conductor sin saber si están realmente desempeñando ese servicio por más de un millón y medio de euros, a la renovación de contrato para la seguridad del Zendal a una empresa que no vigila realmente por más de un millón de euros, a otro millón de euros pagado a una empresa de cáterin que sus comidas en el Zendal llevan moho de guarnición, a la falta cámaras mortuorias, laboratorio de análisis clínicos o quirófanos en algo que Ayuso llama hospital después de pagar a 750 € el banco.
Albert, sin los ciudadanos, trabajadores normales y corrientes, vosotros, que os dedicáis a poner banderas, a aprovecharos de vuestras posiciones de poder y a perder el tiempo en twitter montando gresca, no sois nada. Cuando Albert Rivera dimitió como presidente y diputado de Ciudadanos tras sus catastróficos resultados electorales que dejaron a su partido listo para las limitaciones de aforo, creí que quizás, en el fondo, le quedaba algo de dignidad. Me equivocaba.