Ayuso en estado puro
Sé sincera, tronca, no es que no quisiste ponerte el pinganillo, es que no podías porque ya debías de llevar uno a través del cual tu ventrílocuo Miguel Ángel Rodríguez te dictaba lo que tenías que decir como si fueras Doña Rogelia, y la verdad es que sí, uno en cada oreja debe de ser bastante incómodo y todo un lío. Evidentemente, quien me busca me encuentra, y como lingüista y hablante de una de esas lenguas que ella tanto denigra no pensaba quedarme callado ante este atropello, un gesto grosero de intolerancia y desdén de una patana