El chándal de táctel
[...] Y en la cúspide de la chabacaneria el chándal de táctel. Se trataba de una prenda con sus dos partes, forro y exterior, cuya principal virtud era que no engañaba a nadie. Si cuando la comprabas te podía parecer una gran mierda, al desembalaría ya en tu casa, lo mirases por donde lo mirases, aquello era una verdadera inmundicia. [...]