Durante la historia, protegerse durante las batallas ha sido siempre muy importante para salvaguardar la vida de los soldados. Fue entonces cuando se buscó una alternativa y se crearon los primeros chalecos antibalas. El invento fue posible porque descubrieron que el algodón era un eficaz protector contra proyectiles.
Un agente de la Policía Nacional pudo comprobar en primera persona la eficacia de su chaleco antibalas, que evitó lo que podría haber sido una tragedia. Este vital y necesario equipamiento consiguió frenar la punta de un cuchillo que tenía una longitud aproximada de 24 centímetros, según informan fuentes policiales a Vozpópuli. El agresor es un viejo conocido de los policías ya que cuenta con antecedentes por atentado a la autoridad.