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	<title>Mediatize: dreyfus</title>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (y XII): Qué pasó con todo el mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jun 2020 12:50:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/76/media_thumb-link-30318.jpeg?1592308540' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>El indulto, que como hemos dicho perdonaba a Dreyfus sin establecer su inocencia, y la Ley de Amnistía, que impedía que otras personas fueran juzgadas por este caso, fueron mal vistos en los <i>sectores duros</i> de los dos campos.<br />
<br />
- Los antidreyfusistas insistieron con rabia en que, habiendo sido considerado un traidor, y condenado por ello, el perdón presidencial sólo podía ser considerado una añagaza para contentar a los judíos.<b><sup>1</sup> [IMAGEN: Ver nota 2]</b><br />
<br />
- Pero muchos de los partidarios de Dreyfus  consideraron que la solución no había sido equitativa: se habían descubierto falsificaciones, perjurios, corrupción, antisemitismo, se había protegido a delincuentes; y, cuando la victoria parecía al alcance, la familia Dreyfus se echaba atrás y aceptaba una “<i>Ley de Punto Final</i>”. <br />
<br />
Pero, visto en retrospectiva, posiblemente lo que decidió el Gobierno fue lo más eficaz, aunque fuese injusto. En los años siguientes el país fue olvidando el caso Dreyfus; se hizo una limpieza del Ejército a la chita callando, promoviendo jóvenes oficiales con un concepto moderno de la guerra; se fue atenuando (pero no apagando) la fractura entre derechas e izquierdas, y el país volvió a creer en los principios republicanos.<br />
<br />
Y ¿qué pasó con los protagonistas de esta historia?<br />
<br />
<b>Alfred Dreyfus</b> se retiró a la vida privada, en compañía de su mujer e hijos; como hemos dicho, esto enfrió mucho sus relaciones con muchos antiguos partidarios. En 1901 publicó sus memorias (“<i>Cinq années de ma vie</i>”) a partir de su diario. <br />
<br />
En 1902, las elecciones legislativas dan el triunfo a las izquierdas; y el político socialista Jean Jaurès relanza el “<i>Affaire</i>” con un gran discurso (7 de Abril) en el que enumera las numerosas falsificaciones y mentiras que rodearon este caso judicial, presentando además nuevas pruebas: sobre todo lee la carta de dimisión del general De Pellieux<b><sup>2</sup></b> y cuenta la historia del “<i>Bordereau anotado por el Kaiser</i>” y lo descubre como otro fraude.<b><sup>3</sup></b><br />
<br />
A instancias del nuevo Ministro de Guerra (<b>Louis André</b>) se inició una nueva investigación, que llevó a cabo el capitán Targe, quien descubrió numerosos errores y falsificaciones en el “<i>Affaire Dreyfus</i>”. El Gobierno intentó evitar por todos los medios repetir el juicio mediático, y el resultado se sometió a las dos Cámaras del Tribunal de Casación, que el 12 de Julio de 1906 anuló definitivamente los juicios a Dreyfus. El Tribunal declaró incluso que nunca debiera haber habido Consejo de Guerra, ante la ausencia absoluta de pruebas.<br />
<br />
Dreyfus fue reincorporado al Ejército con el grado de Comandante y condecorado como Caballero de la Legión de Honor. Pero decepcionado por no ver reconocida la injusticia<b><sup>4</sup></b> pidió su retiro en 1907. Nunca pidió indemnización al Estado ni a quienes le persiguieron.<br />
<br />
En 1908, durante el funeral de Zola, sufrió un atentado,<b><sup>5</sup></b> pero sobrevivió.<br />
<br />
Es movilizado como comandante de artillería durante la Gran Guerra; al terminar es ascendido a Teniente Coronel y, en 1919, promovido a Oficial de la Legión de Honor. Se retira nuevamente a la vida privada, y muere en 1935 en Paris, en cuyo cementerio de Montparnasse está enterrado. Su mujer <b>Lucie </b>murió en 1945, y su hermano <b>Mathieu</b> lo había hecho en 1930.<br />
<br />
La mayoría de defensores de Dreyfus murieron antes que él. <br />
<br />
- <b>Émile Zola</b> falleció, víctima de una intoxicación por el humo de su chimenea, en 1902.<b><sup>6</sup></b> <br />
- Los dos abogados de Dreyfus fallecieron también antes: <b>Fernand Labori</b> en 1917, y <b>Edgard Demange</b> en 1925.<br />
- Entre los periodistas y escritores, <b>Joseph Reinach</b> murió en 1921, <b>Anatole France</b> en 1924, <b>Bernard Lazare</b> en 1903 (con sólo 38 años, de cáncer).<br />
- De los políticos: <b>Jean Jaurès</b> fue asesinado por un ultranacionalista en 1914, tres días después del estallido de la Primera Guerra Mundial; <b>Georges Clemenceau</b> falleció en 1929; y <b>Scheurer - Kestner</b>, el león de Alsacia, había muerto ya en 1899.<br />
- El máximo defensor y persona clave para desentrañar la conspiración, <b>Picquart</b>, fue rehabilitado al mismo tiempo que Dreyfus, pero en su caso sí se contó el tiempo de condena para su ascenso a General; fue nombrado ministro de Justicia con Clemenceau (1906-1909). Murió en 1914, antes del estallido de la Gran Guerra, tras una caída de caballo.<br />
<br />
En cuanto a los culpables de la conspiración contra Dreyfus y los políticos y periodistas enemigos, la Ley de Amnistía votada en 1899 hizo que ninguno de ellos (excepto Henry y Sandherr, que habían fallecido) fuese castigado.<br />
<br />
- <b>Esterhazy</b>, el verdadero culpable, se refugió en Inglaterra, donde tomó la falsa identidad de conde <b>Jean de Voilemont</b>; siempre en apuros económicos, sirvió como corresponsal para el periódico antisemita &#34;<i>La Libre Parole</i>&#34;. Murió en 1923 en Harpenden, donde está enterrado.<br />
- <b>Du Paty de Claim</b>, el investigador del primer Consejo de Guerra, y muñidor (con Henry) de los falsos telegramas contra Picquart, cayó en desgracia tras el suicidio de su compinche, y fue discretamente apartado del Ejército, como Teniente Coronel, en 1901; en 1913 obtuvo su reingreso con la misma graduación; sirvió en la Primera Guerra Mundial a las órdenes de un hijo suyo, y murió en 1916 en el frente.<br />
- El resto de mandos militares, aunque los que se habían metido a política perdieran influencia en las elecciones de 1902, se beneficiaron de la Amnistía y no sufrieron daños en su carrera militar ni se les inhabilitó para ser cargos electos: <b>Mercier</b>, retirado del Ejército en 1988, fue elegido senador y murió en 1921 (a los 87 años), siempre defendiendo la culpabilidad de Dreyfus; <b>Boisdeffre </b>dimitió a raíz del escándalo Henry, pero conservó un papel oficioso como enlace con el Ejército ruso, y murió en 1919 (80); <b>Gonse </b>también se retiró sin ser molestado en 1903, y murió en 1917 (79); <b>De Pellieux</b> se metió en círculos conspiratorios nacionalistas,<b><sup>7</sup></b> y fue trasladado a plazas alejadas de París, como Bretaña, donde murió en 1900 de muerte natural (57); <b>Besson d'Ormescheville</b> (instructor del primer Consejo de Guerra) murió en 1911 (75). El capitán <b>Charles Lebrun-Renaud</b>, cuya declaración concerniente a la &#34;<i>confesión</i>&#34; de Dreyfus había sido reconocida como falsa en Rennes, fue también perdonado por la Amnistía. Se casó con una viuda rica y se retiró a la vida civil. Murió en 1921 (68)<br />
<br />
- De los políticos y civiles, <b>Cavaignac </b>murió en 1905 (52);<b><sup>8</sup></b> los &#34;<i>expertos en caligrafía</i>&#34; continuaron sus carreras, destacando por inmerecida la fama que adquirió <b>Bertillon</b>,<b><sup>9</sup></b> que insistió tercamente en la culpabilidad de Dreyfus hasta el día de su muerte, en 1914 (60), y ello pese a que el Gobierno le prometió una promoción en la Legión de Honor a cambio de su retractación. Los periodistas <i>antidreyfussards</i> tampoco fueron perseguidos ni sufrieron menoscabo por su antisemitismo: entre ellos, por ejemplo, <b>Henri Rochefort</b> - que murió en 1913 (82) de insuficiencia renal -,  <b>Édouard Drumont</b> - fallecido en 1917 (72) de causas naturales - y en general todos los periodistas, incluidos algunos implicados en tratos con golpistas, pudieron continuar su actividad en prensa y edición hasta casi el final de sus días. <br />
<br />
<b>Maximilian von Schwartzkoppen</b> fue retirado de su puesto de agregado militar en París y volvió a Alemania, donde fue destinado al mando de un Regimiento de Granaderos. Durante la Primera Guerra Mundial combatió en el Frente Ruso como general; contrajo una neumonía, y falleció en 1917 en Berlín, con 67 años.<b><sup>10</sup></b> No volvió a reanudar su relación con Alessandro Panizzardi, que por su parte siguió una brillante carrera (si es que puede llamarse brillante una carrera en el Ejército Italiano) hasta acabar de Teniente General; falleció en 1928 (75).<br />
<br />
Aunque en Francia dejó de hablarse del <b><i>l'Affaire</i></b>, no por ello se dejó de escribir. Durante años los sectores ultranacionalistas continuaron presentando el caso como una prueba de la malicia y poder de los círculos judíos internacionalistas; durante la época de la Ocupación (1940-1944) sus actividades conocieron un claro empujón, aunque por razones obvias no se hiciesen claras referencias al asunto del espionaje alemán. Tras la guerra, borrados los sectores colaboracionistas, el asunto pareció definitivamente cerrado. Actualmente, en Francia, fuera de algunos círculos ultraderechistas y antisemitas, nadie duda seriamente de la inocencia de Dreyfus y la culpabilidad del Estado Mayor francés y su Servicio de Espionaje en preparar pruebas contra él.<br />
<br />
Las <b>protestas internacionales</b> se aplacaron con el indulto a Dreyfus. La Exposición de París se celebró como estaba previsto, y sin incidentes, más allá de actos de reivindicación organizados por manifestantes de uno y otro signo.<br />
<br />
Sin embargo, un último hecho, derivado de &#34;<i>l'Affaire</i>&#34;, tuvo una repercusión que perdura en el tiempo hasta hoy. <b>Theodor Herzl</b>, un periodista judío, nacido en Budapest, corresponsal del diario vienés &#34;<i>Die Neue Freie Presse</i>&#34;, fue testigo de los alborotos y los motines antijudíos (en un país que había dado al mundo los &#34;<i>Derechos del Hombre</i>&#34; y donde, supuestamente, los judíos estaban perfectamente integrados) y se convenció de que el antisemitismo y las matanzas y &#34;<i>progroms</i>&#34; continuarían impunemente hasta que los judíos dispusiesen de un refugio, una patria, que pudiesen alcanzar, para verse libres de persecución.<br />
<br />
La idea de crear un &#34;<i>Hogar Judío</i>&#34; (que no tenía que ser necesariamente un país independiente, al menos en principio) la expuso Herzl en su obra &#34;<i>El Estado Judío</i>&#34; (1896) y en el I Congreso Sionista Mundial (Bale, 1897). Como su creación no se contemplaba deseable ni posible por la fuerza, sino por la negociación, compra y cesión de tierras, Herzl y los líderes sionistas barajaron varias posibilidades: Brasil, Argentina, Uganda... pero los líderes sionistas rechazaron toda idea que no fuera el retorno a la Palestina histórica. Y sólo cincuenta años después del I Congreso Sionista, el Estado de Israel fue fundado. Pero eso es otra historia y merece ser contada en otro lugar.</p><p><strong>etiquetas</strong>: dreyfus, affaire dreyfus, antisemitismo, israel</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=30318" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (XI): Revisión e indulto</title>
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		<pubDate>Wed, 27 May 2020 15:45:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/74/media_thumb-link-29941.png?1590572024' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>El suicidio de Henry, y la dimisión de quienes habían confiado en él, como Cavaignac y Boisdeffre, cayó como un mazazo entre los antidreyfusistas. Pero no por eso cesaron sus campañas antisemitas. Medios como “<i>La Libre Parole</i>”, “<i>L’Intransigéant</i>”, &#34;<i>L'Anti-Juif</i>&#34;, “<i>Le Petit Journal</i>”, entre otros, dibujaron al suicida como un militar intachable que, en un momento de debilidad, modificó un documento para asegurar la condena de un traidor infame, sin publicar pruebas que comprometiesen la seguridad de Francia.<b><sup>1</sup></b> Y achacaban a la “<i>persecución del Sindicato Judío</i>” el suicidio.<br />
<br />
Por supuesto, los partidarios de Dreyfus saludaron los nuevos hechos como pruebas de que había una conspiración contra el condenado, y exigieron la anulación del juicio. Ante la insistencia del Ministerio de la Guerra en que había que confiar en las Autoridades, y que Dreyfus, pese a todo, era culpable, “<i>L’Aurore</i>” respondía: “<i>¡Basta! ¡Basta de investigaciones personales y misteriosas; basta de ilegalidades, de falsificaciones y de errores! ¡Basta de Cavaignac!</i>”<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
También el caso resonaba entre la prensa y la opinión pública internacional. Generalmente, tomaron partido por la revisión del proceso la mayoría de los medios extranjeros; los más bulliciosos, los neoyorquinos, londinenses y sobre todo alemanes (encantados de mostrar la corrupción del Ejército francés, sobre todo contra los alsacianos).<b><sup>3</sup></b> “<i>The Observer</i>”, de Londres, publica una entrevista con Esterhazy (huido a Londres: [en la <b>imagen</b>, caricatura de un medio belga: Esterhazy huyendo de Francia como &#34;<i>El Judío Errante</i>&#34;, con una daga sobre él que dice &#34;<i>Revisión</i>&#34;]) en septiembre de 1898, donde el comandante se reconoció autor del “<i>Bordereau</i>”… aunque al día siguiente se retractó. También políticos extranjeros, incluso la Reina Victoria, mostraban preocupación por lo que parecía una injusticia.<b><sup>4</sup></b>.<br />
<br />
Muerto Henry, dimitido Cavaignac; comprometido Du Paty de Claim y el Estado Mayor del Ejército por Esterhazy, que no deja de <i>largar</i> desde Londres, el Ejército y el Gobierno sufren una crisis de credibilidad considerable.<b><sup>5</sup> Henri Brisson</b> (el Presidente del Consejo) aconseja a Mathieu Dreyfus que interponga una demanda de revisión del Proceso. Hecho ésto, y dado que la Sala de lo Criminal de la Corte de Casación era objeto de una campaña de prensa por parte de los sectores más nacionalistas desde el Escándalo de Panamá (ver nota 1 del cap. I), y era reacia a aceptar el caso, se ordenó, tras una votación del Consejo de Ministros (26 de Septiembre), que fuera asumido. El 29 de Octubre, la Sala de la Criminal, tras una instrucción preliminar, reconoce que existen indicios razonables para la Casación y acepta el caso.<br />
<br />
Presidía el magistrado Louis Loew (que, por supuesto, recibió las invectivas de los antisemitas: &#34;<i>el judío Loew</i>&#34;, le llamaban, pese a que no lo era) y, tras muchas vicisitudes,<b><sup>6</sup></b> el 9 de Febrero la Sala de lo Criminal presenta sus conclusiones, entre las que destacan dos fundamentales: el &#34;<i>Bordereau</i>&#34; tiene toda la pinta de haber sido escrito por Esterhazy, y el &#34;<i>Dossier secreto</i>&#34; estaba vacío de pruebas. La acusación se hundía, y la anulación del juicio de 1894 era ya inevitable: el 3 de Junio de 1899, el Tribunal de Casación ordena la anulación del Consejo de Guerra y la celebración de un nuevo juicio, que sería en Rennes.<b><sup>7</sup></b><br />
<br />
Dreyfus, en su islote, no había sido informado de toda esta lucha. Podemos imaginar la sorpresa que tuvo cuando, el 5 de Junio, se le comunica oficialmente el resultado de la Casación y que debe volver a Francia para un nuevo Juicio. El 9 de Junio (el mismo día que Picquart abandona definitivamente la cárcel) Dreyfus deja también la Isla del Diablo, para desembarcar en la península de Quiberon el 30 de Junio (al mismo tiempo que Zola vuelve también de su exilio); queda encerrado en la prisión militar de Rennes, a la espera del Juicio, que comenzará el 7 de Agosto.<br />
<br />
Y empezó, en un entorno sumamente enrarecido. El nuevo Consejo de Guerra fue presidido por el Coronel <b>Albert Jouaust</b>, ingeniero militar, a quien acompañaban otros seis jueces, artilleros. Dreyfus fue defendido por los abogados <b>Edgar Demange</b> y <b>Fernand Labori</b> (si bien este último fue objeto de un atentado el 14 de Agosto, y no pudo volver a la Sala hasta el 22 de Agosto).<b><sup>8</sup></b><br />
<br />
Dreyfus testifica el 7 de Agosto. Presenta un claro deterioro físico. Ha perdido varios dientes, lo que provoca que su voz, ya monótona de por sí, sea acompañada de un molesto silbido. Sin embargo, su estado mental es bueno, y demuestra un sorprendente dominio del caso, para alguien que sólo ha tenido unas semanas para estudiarlo. Sí presenta algunas lagunas en sus recuerdos (no en vano han pasado casi cinco años, y los ha sufrido encerrado en un agujero) lo que causa mala impresión en el Tribunal. <br />
<br />
Del 8 al 11 de Agosto se examinan las pruebas del famoso “<i>Expediente Secreto</i>”; otra vez a puerta cerrada, pero ahora ya con la presencia del acusado y sus abogados. <br />
<br />
A partir del día 12 comienzan las declaraciones de los testigos, empezando por los de la acusación; desde un expresidente de la República (Casimir- Périer, que sin embargo niega haber sabido nada sobre la culpabilidad de Dreyfus),<b><sup>9</sup></b> al Estado Mayor en pleno (Boisdeffre, Gonse), varios Ministros de Guerra: Mercier, Zurlinden, Billot, Cavaignac…  Todos ellos insisten en “<i>la cosa juzgada</i>”: Dreyfus es culpable y no se puede cuestionar. Incluso aunque Henry y Esterhazy sean culpables, Dreyfus no es inocente. Incluso Cavaignac, que descubrió la falsificación de Henry, se muestra convencido de su culpabilidad, y defiende que todos han sido víctimas de un artero traidor: Dreyfus.<br />
<br />
Pese a las esperanzas de los <i>dreyfussards</i> el Tribunal no considera válidas las confesiones de Henry (por no poder ratificarla) y de Esterhazy (que había reconocido la autoría del &#34;<i>Bordereau</i>&#34;, pero desde Londres culpaba a sus superiores de haberle incitado a escribirlo), y también permite que Du Paty no declare en persona, excusándose en una dolencia hepática.<br />
<br />
Aún hubo más; el Tribunal no tuvo en cuenta las recomendaciones y decisiones de la Casación: se dejó testificar a todo el Estado Mayor expresando la seguridad moral en la culpabilidad de Dreyfus (sin aportar ninguna prueba más) e incluso se volvió a discutir sobre la autoría del “<i>Bordereau</i>” por parte de Dreyfus, cuando estaba más que demostrado que la letra era de Esterhazy.<br />
<br />
Para desesperación de los partidarios de Dreyfus (y hasta del Gobierno, que quería cerrar el caso con una absolución, aunque fuera por &#34;<i>ausencia de pruebas</i>&#34;, para acabar con el tema) el Tribunal cierra filas corporativas con el Ejército, y da credibilidad a la <i>&#34;razón de Estado</i>&#34; que argumentan los militares.<b><sup>10</sup></b><br />
<br />
Se llama a declarar a la viuda de Henry, y se permite que, en lugar de testificar sólo lo que sabe (la noche en que su marido fabricó el &#34;<i>Faux Henry</i>&#34;) haga su hagiografía, presentandole como mártir y víctima de las maquinaciones de Picquart y Dreyfus.<br />
<br />
Vuelven a declarar los grafólogos, entre ellos Bertillon y su discípulo, el capitán Valerio, que añaden otra estrambótica teoría: la letra del &#34;<i>Bordereau</i>&#34; es de Dreyfus; pero, si Esterhazy (que ha reconocido la autoría) fuese quien lo ha escrito, lo sería a instancias del &#34;<i>Sindicato Judío</i>&#34; y Dreyfus. El Acta Oficial del juicio dice que esta declaración provocó en el público una &#34;<i>hilaridad prolongada</i>&#34;.<br />
<br />
También destaca el Coronel Maurel, Presidente del Tribunal que condenó a Dreyfus en 1898. Sorprendentemente, confiesa haber “<i>echado sólo un vistazo</i>” a uno de sus documentos y, &#34;<i>anonadado por su contenido</i>&#34; (se entiende por abordar la homosexualidad de los interesados) le pasó los documentos al resto del Tribunal, sin leerlos en voz alta, como hubiera debido hacer.<br />
<br />
Hay testigos de la defensa, claro: Picquart, el juez Paul Bertulus, el comisario Cochefert (que, con Du Paty, arrestó a Dreyfus, pero ahora cree en su inocencia)... Pero sus testimonios caen en oídos sordos, y los abogados de Dreyfus lo notan. El Tribunal ha llegado a rechazar la suspensión del juicio tras el atentado contra Labori, lo que priva al acusado durante una semana del más agresivo de sus defensores.<b><sup>11</sup></b><br />
<br />
Ante la hostilidad del Tribunal, M. Labori (otra vez en pie) se plantea solicitar el testimonio oficial por escrito de Alemania. En realidad, ya había habido desmentidos por parte de la embajada alemana (obviamente desestimados como &#34;<i>excusas del culpable</i>&#34; por los antidreyfusistas) pero, en este caso, se trataba de pedir explicaciones oficiales a Alemania. <br />
<br />
En el Gobierno de Francia, presidido ahora por <b>René Waldeck-Rousseau</b>, se agitó el recuerdo del &#34;<b>Telegrama de Ems</b>&#34;.<b><sup>12</sup></b> Por un lado deseaban cerrar definitivamente un asunto que amenazaba con dividir a Francia en dos campos irreconciliables. Pero no podía declararlo abiertamente. Intentaron, sin éxito, que el gobierno alemán hiciese una declaración oficial (los prusianos se negaron a más de lo que habían hecho; esto es, decir que sus diplomáticos no conocían a Dreyfus); además, hicieron llegar a su comisario-delegado en el Juicio de Rennes, <b>Louis Carrière</b> (que tenía que hablar antes de los abogados, el 7 de Septiembre) una sugerencia en el sentido de que &#34;<i>se atuviese al espíritu del Tribunal de Casación</i>&#34;. Más claro, agua, pero el Comisario lo entendió, o fingió entenderlo, al revés, y se marcó una requisitoria antidreyfusista.<b><sup>13</sup></b><br />
<br />
La situación era complicada para el Gobierno, que se enfrenta a continuos motines y alborotos en las calles de toda Francia, e incluso al suceso de &#34;<b>Fort Chabrol</b>&#34;: un periodista antisemita y de extrema derecha, <b>Jules-Napoleon Guérin</b>,<b><sup>14</sup></b>, sospechoso de intentar dar un Golpe de Estado, se resiste a ser detenido y se atrinchera con una docena de partidarios en la Rue de Chabrol, 51. Ayudado por partidarios de fuera, y por la incompetencia de la policía, resisten del 12 de Agosto al 20 de Septiembre, fecha en la que se rinden.<br />
<br />
El Gobierno llegó, incluso, a sugerir a la familia Dreyfus que podría haber una sentencia absolutoria siempre que se llegase a una especie de apaciguamiento final con el Ejército. Para ello era necesario que Labori no interviniera (demasiado agresivo) y la requisitoria final la hiciese Demange. Mathieu Dreyfus aceptó, y a él le tocó decírselo a Labori, que se lo tomó mal. Una de las primeras de las muchas escisiones que minarían a partir de ahora el campo dreyfusista.<br />
<br />
Así, las conclusiones las presenta el 8 y 9 de Septiembre Demange… Habla durante 5 horas, conciliador, niega cualquier intención de atacar o dejar en mal lugar al Ejército. Se sobreentiende que, absuelto Dreyfus, no buscará revancha. Pero, si hubo ese pacto, no se cumplió. El Tribunal se reúne a deliberar el mismo día 9; tarda menos de dos horas en dar su veredicto. Se necesita una mayoría cualificada para condenar (al menos 5 jueces que voten contra el acusado)... y es lo que ocurre.<br />
<br />
Dreyfus es vuelto a condenar por <b>Alta Traición</b>, por 5 votos contra 2:<b><sup>15</sup></b> deberá ser vuelto a degradar y cumplirá diez años de reclusión; ya no volverá a la isla del Diablo, sino que cumplirá su condena en la Ciudadela de Corte (Córcega).<br />
<br />
La prensa internacional, los gobiernos de Europa, estallan de ira, ponen a Francia de vuelta y media y amenazan con un <i>boycott</i> a la exposición de París de 1900. Pero el gobierno de Waldeck-Rousseau ya había preparado un plan B: ofrecer la gracia presidencial a Dreyfus y, al mismo tiempo, promulgar una Ley que declara una amnistía &#34;<i>para todos los hechos delictivos o criminales relacionados con el caso Dreyfus</i>&#34;. Es el perdón para Dreyfus, Zola y Picquart, pero también para Du Paty, Mercier, Boisdeffre y los demás.<br />
<br />
Los principales partidarios de Dreyfus le insisten en que no acepte la Gracia Presidencial (que significa reconocerse culpable); que la victoria está cerca... Pero Dreyfus y los suyos han sufrido demasiado, unos meses más pueden ser la muerte para el condenado, ya no pueden más. Tras meditarlo, acepta, y el presidente firma el decreto de Gracia el 19 de Septiembre. El 21, es un hombre libre, aunque no rehabilitado.<b><sup>16</sup></b><br />
<br />
En el próximo, y último, episodio, veremos el final de este caso, y qué pasó con sus protagonistas.</p><p><strong>etiquetas</strong>: hubert henry, dreyfus, revisión de rennes, antisemitismo, indulto</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=29941" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (X): El Asunto explota: muerte de Henry</title>
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		<pubDate>Fri, 08 May 2020 17:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/73/media_thumb-link-29558.jpeg?1588940326' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>1898 es el año en que explota definitivamente el “<i>Affaire Dreyfus</i>”. Pero vayamos por orden.<br />
<br />
El proceso y la condena de Zola había provocado mucho revuelo nacional e internacional pero, como en Mayo de 1898 se celebraban elecciones legislativas en Francia (con dos vueltas, 8 y 22 de dicho mes), el asunto Dreyfus pasó durante la campaña a un segundo plano. Aunque el antisemitismo sí constituyó un ariete favorito de los ultramontanos, la culpabilidad de Dreyfus (y de Zola) se debatió poco durante esas semanas.<br />
<br />
Hagamos un inciso para contar que el 5 de marzo se celebró un duelo &#34;<i>a primera sangre</i>&#34; entre Henry y Picquart [<b>imagen</b>]. El enfrentamiento, muy sonado en los círculos militares y en la Prensa, terminó cuando Picquart hirió dos veces a Henry en el brazo derecho y los médicos pararon la pelea, porque el comandante no podía sostener bien el sable.<b><sup>1</sup></b><br />
<br />
Suele decirse que las elecciones de 1898 supusieron un fracaso del campo dreyfusista, porque destacados socialistas como <b>Jean Jaurès</b> o <b>Jules Guesde</b> perdieron su escaño. Sin embargo, no es exactamente así. Los &#34;<i>Républicains Progressistes</i>&#34; (pese a su nombre, el ala más conservadora de los republicanos) ganaron las elecciones, pero perdieron la mayoría absoluta y tuvieron que contar con los monárquicos para conformar una mayoría estable. Por su parte, los socialistas y radicales mejoraron resultados y consiguieron una importante minoría.<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
El nuevo Gobierno, presidido por <b>Henry Brisson</b>, incluía como Ministro de Guerra a <b>Godefroy Cavaignac</b>, político conservador ligado a la <i>Association Nationale Républicaine</i>. Cavaignac era honrado, y creía en la culpabilidad de Dreyfus, pero también en la de Esterhazy, en quien veía un cómplice suyo.<br />
<br />
El Ministerio se puso manos a la obra para cerrar definitivamente el caso, que en el Parlamento recién elegido amenazaba con convertirse en fuente de conflicto.<br />
<br />
Un diputado nacionalista llamado <b>André Castelin</b> había anunciado, ya en la legislatura anterior (septiembre de 1896; pero, por lo que fuera, no se concretó hasta 1898), que plantearía una cuestión parlamentaria sobre el caso Dreyfus. Recordemos que esa interpelación es la que se citaba en la carta falsificada que se llamó &#34;<i>Faux Henry</i>&#34;, de la que hablaremos ahora.<br />
<br />
El 7 de Julio, a pregunta de Castelin, Cavaignac lee, ante la Cámara de Diputados, tres documentos que (según él) muestran de manera “<i>incontestable</i>” la culpabilidad de Dreyfus. Además, insiste en la &#34;<i>Leyenda de la Confesión</i>&#34; (Capítulo V, nota 6 de esta serie) que sólo los <i>antidreyfusards</i> furibundos creían.<br />
<br />
A) La primera de ellas era una nota del agregado italiano Panizzardi a un colaborador de Schwarzkoppen que decía, originalmente:<br />
<br />
&#34;<i>Ayer por la noche terminé llamando al médico, que me prohibió salir. Dado que no puedo ir a tu casa mañana, ven a la mía por la mañana, porque <b>P</b>... me ha traído muchas cosas interesantes, y hay que compartir el trabajo, ya que tenemos solo diez días de tiempo.</i>&#34;<br />
<br />
Como se demostró luego, el comandante Henry borró la <b>P.</b>, inicial de la persona que &#34;<i>había traído muchas cosas</i>&#34;, y la sustituyó por una <b>D.</b>, para incriminar a Dreyfus. Además cambió la fecha de entrada del documento en el SR de Septiembre de 1896 (fecha real, pero para entonces Dreyfus estaba ya en su islote y, por lo tanto, no le inculpaba) a Marzo de 1894. <br />
<br />
B) La segunda era la nota que ya conocemos, de &#34;<i>Ce canaille de D...</i>&#34; (ver Cap. IV, nota 7, de esta serie), que en realidad tampoco se refería a Dreyfus.<br />
<br />
C) El más importante de los documentos (porque, como dijo triunfalmente Cavaignac, &#34;<i>citaba a Dreyfus con todas sus letras</i>&#34;) era el &#34;<i>Faux Henry</i>&#34;. La noche del 31 de Octubre al 1 de Noviembre de 1896, siguiendo al anuncio de Castelin, Henry fabricó un documento con el encabezamiento y la despedida de una carta auténtica de Panizzardi a Schwartzkoppen e, imitando la letra de Panizzardi, incluyó en el cuerpo un texto que incriminaba a Dreyfus. El texto final decía: <br />
<br />
“<i>Querido amigo:<br />
<br />
He leído que un diputado va a interpelar sobre Dreyfus. Si piden nuevas explicaciones a Roma, diré que nunca he tenido relaciones con ese judío. Si te preguntan, di lo mismo, porque nadie debe saber nunca lo que ocurrió con él.<br />
<br />
Alexandrine</i>”.<b><sup>3</sup></b><br />
<br />
El discurso de Cavaignac, que además se acompañó de mucha llamada al patrioterismo, fue aclamado por la Cámara de manera casi unánime: se planteó una moción de confianza al ministro, que se aprobó con sólo 16 abstenciones y un voto en contra.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
La prensa partidaria de Dreyfus, pese a que parecía haber sufrido una derrota total, estaba sin embargo exultante: aunque insistiendo en la culpabilidad del condenado, Cavaignac se había basado para afirmarlo sólo en documentos que ellos sabían falsos y en la “<i>cosa juzgada</i>”. Pero se había demostrado que nada justificaba el haber celebrado el juicio a “<i>puerta cerrada</i>” y, por lo tanto, la injusticia del procedimiento. Por si fuera poco, Cavaignac no había hecho mención del “<i>Bordereau</i>” entre las pruebas de la culpabilidad de Dreyfus, con lo que demostraba que tenía dudas razonables sobre su autoría. En definitiva, para los partidarios de Dreyfus se imponía la revisión del proceso. Sus adversarios la negaban, pero no oponían otras razones más que la “<i>Cosa Juzgada</i>” y la “<i>Honorabilidad del Ejército</i>”.<br />
<br />
Los hechos se precipitaron. Cavaignac había anunciado una investigación sobre Esterhazy (a quien, como hemos dicho, creía cómplice de Dreyfus); el traidor se asustó y, de arrogante pocos días atrás,<b><sup>5</sup></b> pasó a servil, suplicando ayuda a todo el mundo (Du Paty, Pellieux) para evitar la catástrofe que preveía. Obviamente, esto dejó muy mala impresión entre quienes hasta ahora le habían apoyado y, por supuesto, llegó a oídos del ministro.<br />
<br />
También Picquart escribió una carta al Jefe del Gobierno, Brisson, en la que decía: “<i>Habiendo leído el Ministro de Guerra en la Cámara de los Diputados tres de esos documentos (que, según él, demostraban la culpabilidad de Dreyfus) considero mi deber poner en su conocimiento que estoy en condiciones de probar, ante cualquier jurisdicción competente, que los dos documentos fechados en 1894 no son aplicables a Dreyfus, y el que lleva fecha de 1896 tiene todo el aspecto de una falsificación</i>”.<br />
<br />
Cavaignac, indignado, hizo arrestar a Picquart (“<i>ese hombre que trata de falsificación un documento que reconoce no haber visto ni ahora ni  nunca</i>”), el 14 de Julio; el día 13 había sido arrestado también Esterhazy, en su caso por falsificación.<br />
<br />
Por otro lado, Cavaignac, para cerrar definitivamente el caso, quiso hacer autentificar los documentos que había presentado, sobre todo aquel en que citaba a Dreyfus con todas las letras.<br />
<br />
Y allí se produjo la catástrofe (para los falsarios): el capitán Louis Cuignet, y luego su superior el general Gaudérique Roget, a quien consulta, comprueban que, al trasluz, se advierte claramente que la cuadrícula de la parte central del documento que se conocerá como “<i>Faux Henry</i>” no concuerda con la del encabezado y la despedida. No sólo eso, sino que la letra del texto añadido no es de Panizzardi; es contrahecha, y Cuignet ha reconocido la letra de un amigo suyo, la de Hubert Henry.<br />
<br />
Honroso es decir que, pese a ser contrarios a la revisión del proceso de Dreyfus, los dos oficiales no dudan en ir a ver a Cavaignac y denunciar los hechos; el propio ministro tampoco falta a su deber: convoca a Henry, y le interpela (30 de Agosto). Henry niega los hechos en un primer momento, pero al final se hunde y reconoce la falsificación.<br />
<br />
La confesión fue escuchada “<i>con estupefacción dolorosa</i>” por el Ministro Cavaignac, Cuignet, Roget,  y por el Jefe del Estado Mayor, Raoul Boisdeffre y su adjunto Charles Gonse, a quienes se había citado para el interrogatorio.<br />
<br />
Por mucho que sus interrogadores siguieran creyendo que Dreyfus era culpable, la falsificación de pruebas contra él seguía siendo un delito gravísimo, e incompatible con el honor militar.<b><sup>6</sup></b> Henry fue enviado a la prisión militar de Mont Valérien, a la espera de juicio y, previsiblemente, su degradación y expulsión del Ejército. Por la tarde del 31 de Agosto escribió cartas a su superior Gonse (pidiendo que viniera a verle) y a su esposa. No hace mención al suicidio, pero sí muestra un estado mental confuso.<br />
<br />
El caso es que, al día siguiente, 1 de septiembre, el ordenanza de la prisión que le traía el desayuno le encontró muerto, con la garganta cortada por su propia navaja de afeitar.<b><sup>7</sup></b><br />
<br />
Este hecho trajo importantes consecuencias, que desarrollaremos en el siguiente episodio.<b><sup>8</sup></b></p><p><strong>etiquetas</strong>: hubert henry, dreyfus, cavaignac, antisemitismo, faux henry</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=29558" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (IX): J’Accuse!!!</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2020 16:40:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/72/media_thumb-link-29340.jpeg?1587457309' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Como decíamos en el episodio anterior, la instrucción del general De Pellieux sobre la culpabilidad de Esterhazy había dado un veredicto de “<i>no ha lugar a Consejo de Guerra</i>” bastante previsible, puesto que el Ministerio de Guerra estaba empeñado en sepultar cualquier cosa que pudiese llevar a reabrir el “<i>Caso Dreyfus</i>”.<b><sup>1</sup></b> Seguramente habían creído honestamente en la culpabilidad del capitán, pero ahora ya eso no importaba: debía evitarse cualquier mancha sobre la honorabilidad del Ejército, a cualquier precio.<br />
<br />
Pero esto no era suficiente para “<i>blanquear</i>” a Esterhazy, que se había visto obligado a reconocer la autoría de las cartas antifrancesas publicadas por la prensa a las que hacíamos referencia en el capítulo anterior. Incitado por el Ministerio de la Guerra, el comandante exigió la celebración de un Consejo de Guerra para “<i>limpiar su nombre</i>”.<br />
<br />
El simulacro de juicio (que no fue otra cosa) se celebró el 10 de Enero de 1998. Se decretó el “<i>huit clos</i>” (a puerta cerrada) parcial.<b><sup>2</sup></b> Fue más bien una exaltación de militarismo y nacionalismo que otra cosa. No se permitió la presencia de Acusación Civil, que había solicitado la familia Dreyfus. Para contrarrestar a Picquart se trajeron testigos de descargo que, aleccionados por sus mandos, hablaron sobre el patriotismo de Esterhazy, su camaradería y arrojo, sin aportar nada al tema Espionaje. Como no podía ser de otra manera, el acusado fue absuelto en triunfo, entre ovaciones de los asistentes.<br />
<br />
Por supuesto, esto no convenció a los partidarios de Dreyfus, que cada vez eran más; pero, por el momento, el Ministerio de la Guerra creyó haber acallado a la oposición.<b><sup>3</sup></b><br />
<br />
Pero la respuesta no se hizo esperar; cerradas las vías judiciales, Émile Zola, por entonces la pluma más célebre de Francia, decide acelerar un artículo en el que trabaja desde hacía unos días: es una carta abierta a <b>Félix Faure</b>, presidente de la República, y que se ha convertido en un alegato contra la injusticia: el <b>Manifiesto &#34;<i>J'Accuse!</i>&#34;</b> [<b>imagen</b>]. Zola, al que la dirección de &#34;<i>Le Figaro</i>&#34; había comunicado que no podía colaborar más con ellos, lo publica en &#34;<i>L'Aurore</i>&#34;.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
Zola y sus colaboradores del periódico eran conscientes (y de hecho lo buscaban, como añadían al final del artículo) de que, al publicar el manifiesto, se exponían a una demanda por calumnias. Su intención era poner de manifiesto ante la opinión pública las falsedades y trampas de todos los responsables,<b><sup>5</sup></b> (Du Paty, Boisdeffre, Mercier, Billot, De Pellieux, etc) para que en un proceso ante jueces civiles, no sometidos a la censura militar, pudiese salir la verdad a la luz.<br />
<br />
En un primer momento Zola se salió con la suya, pues el general Billot, Ministro de Guerra, presentó el 18 de Enero una denuncia contra Zola y <b>Alexandre Perrenx</b> (director del periódico). Pero la acogida del Manifiesto en los medios intelectuales, literarios, y en la mayoría de la opinión pública fue muy hostil: la gente vio el artículo como una agresión al Ejército y a Francia, en un momento en que primaba el exacerbado nacionalismo y el revanchismo antigermano. Zola fue insultado por las calles y en los medios de comunicación (se le tachó de italiano, traidor y, cómo no, judío) y se formaron algaradas y roturas de cristales ante la redacción de &#34;<i>L'Aurore</i>&#34; y otros edificios relacionados, de cerca o lejos, con el judaísmo o el liberalismo.<br />
<br />
El Proceso a Zola se celebró del 7 al 23 de Febrero, y acabó con la máxima pena posible: un año de prisión y 3000 francos de multa (7500 con las costas del juicio). Sin embargo, la prensa pudo publicar informaciones que, desconocidas hasta entonces, probaban las irregularidades cometidas e hicieron que mucha gente se plantease si la condena a Dreyfus no era injusta. Incluso en el Proceso Zola los jueces mostraron actuar de manera dirigida,<b><sup>6</sup></b> y la condena a un ilustre de las letras francesas por un delito de opinión removió las conciencias de quienes creían en la herencia de la Declaración de los Derechos del Hombre.<b><sup>7</sup></b><br />
<br />
Los abogados de Zola interponen un Recurso de Casación, que es aceptado el 2 de Abril de 1898; sin embargo, el nuevo proceso, celebrado en Julio de 1898, confirma la condena; y otros juicios, como los que siguen a las demandas de los &#34;<i>expertos</i>&#34; en grafología, aumentan la pena en un mes de prisión y 30000 francos más de indemnización.<br />
<br />
Zola, a insistencia de los amigos, que temen que la cárcel acabe con su ya menguada salud, ha huido (el 18 de Julio, justo antes de que se dicte la condena del Recurso de Casación) a Bruxelas, luego a Londres. Permanecerá allí un año.<br />
<br />
Pero ha conseguido su objetivo: en adelante, &#34;<i>L'Affaire Dreyfus</i>&#34;, es ya &#34;<b>L'Affaire</b>&#34; para toda Francia; el país se divide entre derechas e izquierdas, conservadores y liberales, defensores de la tradición contra defensores de las libertades.<br />
<br />
Se ha logrado abrir el camino para la revisión del proceso, que veremos en el próximo capítulo.</p><p><strong>etiquetas</strong>: dreyfus, esterhazy, j’accuse, zola, l’aurore, antisemitismo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=29340" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (VIII): Esterhazy, descubierto</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Apr 2020 22:25:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/72/media_thumb-link-29211.jpeg?1586422042' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>En Noviembre de 1896, mientras Dreyfus ya podía salir a pasear en su patio de la Isla del Diablo, pero cercado por una empalizada que no le dejaba ya ni ver el mar, se produjeron dos hechos que muestran que la versión de la culpabilidad de Dreyfus empieza a hacer aguas:<br />
<br />
- Picquart, al que sus superiores habían intentado convencer de que investigase a Esterhazy todo lo que quisiese, pero sin cuestionar la culpabilidad de Dreyfus, se niega a ello. Se ha convertido en una molestia para el Ministerio de la Guerra. Por ello, el 16 de Noviembre fue enviado en misión a los Alpes (una excusa); y después a Túnez, donde esperaban que no incordiase más.<br />
<br />
- <b>Bernard Lazare</b>, periodista político de origen judío, publica en Bruxelas (para evitar la censura militar) “<i>Une erreur judiciaire. La vérité sur l'Affaire Dreyfus</i>”, primera obra <i>dreyfusard</i> en ser presentada ante la opinión pública, que denuncia la ilegalidad del proceso por haber escamoteado a la defensa una prueba capital. Por el momento, este documento no tiene mucha repercusión; pero el Estado Mayor, alarmado, adquiere la convicción de que Picquart (respaldado por el “<i>Sindicato Judío</i>”) está detrás de la campaña pro-Dreyfus, y endurece la campaña contra él. También la prensa antisemita explota contra una supuesta “<i>conspiración judía</i>”.<br />
<br />
Como vimos en el episodio anterior, el subjefe del SR (Hubert Henry) había “<i>trabajado engordando el Dossier</i>”; entre otros chanchullos, había falsificado una supuesta carta de Panizzardi a Schwartzkoppen, sustituyendo el contenido de la carta auténtica por un texto que incriminaba a Dreyfus, y manteniendo el encabezamiento y despedida original. Esta carta, que se llamó “<i>Le Faux Henry</i>”, no se publicó por el momento pero, en Julio de 1898, el entonces Ministro de Guerra (<b>Godefroy Cavaignac</b>), queriendo frenar los avances de los <i>dreyfusards</i>, presenta ante la Cámara de Diputados este documento, que lee en voz alta.<b><sup>2</sup></b> Descubierta su falsedad, como veremos, provoca la dimisión del Ministro y la muerte de Henry.<br />
<br />
Durante 1897 el caso parece dormido.<br />
<br />
Picquart, en Túnez desde Enero, llega a temer por su vida <b><sup>3</sup></b> y le cuenta a un amigo, el abogado <b>Louis Leblois</b>, los hechos que conoce, para que informe a la Prensa y políticos amigos si le pasa algo. Leblois no se calla y se lo cuenta al senador Auguste Scheurer-Kestner, que se convierte en partidario de Dreyfus y se entrevista con varios importantes políticos, defendiendo su inocencia. Pero, por el momento, la cosa no trasciende.<b><sup>4</sup></b> <br />
<br />
Mathieu Dreyfus, además de continuar con sus incansables gestiones por la inocencia de su hermano, se había provisto de un facsímil del “<i>bordereau</i>” (pagándolo a buen precio a Pierre Teyssonières, uno de los expertos “<i>grafólogos</i>” que intervinieron en el juicio de 1894), e hizo fijar copias en árboles, paredes, etc, de París, preguntando “<i>¿conoce usted esta letra?</i>” Además, algunos diarios lo publicaron.<b><sup>5</sup></b> <br />
<br />
Con los <i>pufos</i> que había dejado Esterhazy, era cuestión de tiempo que alguien reconociera su letra; y así fue. Un banquero llamado <b>Jacques de Castro</b>, que compró casualmente - a finales de Octubre o principios de Noviembre de 1997 - una de las publicaciones que incluía el facsímil, reconoció la escritura de Esterhazy (que había sido cliente suyo y con el que había tenido suficientes problemas como para no olvidar su letra en la vida) y visitó a Mathieu Dreyfus. <br />
<br />
Al fin Mathieu conocía el nombre del verdadero traidor; además, su identidad le fue confirmada por Scheurer-Kestner, y por si fuera poco pudo comparar el “<i>Bordereau</i>” con escritos de Esterhazy que tenía Demange (el abogado de Dreyfus). La letra era idéntica. Podía empezar su ofensiva.<br />
<br />
El 16 de Noviembre, los periódicos publicaban una carta de Mathieu Dreyfus [<b>imagen</b>] denunciando a Esterhazy como el culpable del asunto de espionaje por el que se había condenado a su hermano; además, varios periódicos adjuntaban una segunda carta de Scheurer-Kestner, en la que afirmaba la inocencia de Dreyfus y la injusticia cometida con él. Por supuesto, los medios de comunicación antisemitas se despachaban con una colección de insultos <i>tamaño familiar</i> contra los <i>dreyfusistas</i>.<br />
<br />
La sorpresa fue mayúscula entre la opinión pública. Y la cosa no paró aquí. &#34;<i>Le Figaro</i>&#34; tomó la cabeza en la campaña por la inocencia de Dreyfus; publicó cartas y artículos, entre otros de Émile Zola, y el 28 de Noviembre incluía un extracto de cartas de Esterhazy, en la que mostraba su odio y desprecio por Francia y su Ejército.<b><sup>6</sup></b> <br />
<br />
Esterhazy ya sabía por sus superiores que Picquart sospechaba su culpabilidad; hasta entonces tenía la seguridad de que los militares le taparían, pero entró en pánico ante la denuncia pública, y exigió del Ejército que se le defendiese... o hablaría.<br />
<br />
Lo veremos en otro episodio</p><p><strong>etiquetas</strong>: dreyfus, esterhazy, bordereau, mathieu dreyfus, bernard lazare</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=29211" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (VII): Dreyfus con grilletes</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2020 02:20:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/71/media_thumb-link-29087.jpeg?1585569944' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Septiembre de 1896. Como hemos visto, Mathieu Dreyfus [<b>imagen</b>] había logrado averiguar desde hacía un año (a través del ex-presidente Faure) que se había utilizado un “<i>Dossier Secreto</i>” para inculpar a su hermano. Esto era manifiestamente ilegal, pero ¿cómo demostrarlo?<br />
<br />
Desde el verano de 1895, <b>Bernard Lazare</b>, a petición de Mathieu, tenía escrita una Memoria desmontando punto por punto la acusación, demostrando las irregularidades cometidas (incluido el Dossier) y pidiendo la revisión del caso.<br />
<br />
Sin embargo, dado el tiempo transcurrido, el caso estaba medio olvidado para la población. Mathieu Dreyfus consideró necesario recordarlo a la opinión pública. El 3 de Septiembre el &#34;<i>Daily Chronicle</i>&#34; de Londres anunció la evasión de Dreyfus de su prisión. Citaba una noticia que, supuestamente, había publicado el 2 de Septiembre un periódico local galés, el &#34;<i>South Wales Argus</i>&#34;.<b><sup>1</sup></b><br />
<br />
La noticia fue fácilmente desmentida (bastó con que el gobierno francés cablegrafiase a la Guayana) pero sirvió para reactivar el interés sobre el caso… en sentido contrario al deseado por los Dreyfus. Los periódicos antisemitas (&#34;<i>La Libre Parole</i>&#34;, &#34;<i>L’Intransigeant</i>&#34;, etc) acusaron al gobierno de dejarse comprar por los judíos y, como resultado, el Ministro de Colonias (<b>André Lebon</b>) ordenó que Dreyfus fuese sometido a mayores restricciones: se construyó una doble  empalizada de 2,5 m. de alto y 16x40 m. [imagen en la nota 1 del capítulo V de esta serie] que Dreyfus no podía intentar traspasar bajo pena de muerte; y, mientras se construía, el condenado fue sometido a la medida del “<i>double boucle</i>”.<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
La empalizada se construyó entre el 7 de Septiembre y el 12 de Noviembre, dos meses durante los que Dreyfus tuvo prohibido salir de su choza, bajo pena de muerte. Además, estuvo sometido a la “<i>double boucle</i>” por las noches entre el 6 de Septiembre y el 12 de Octubre.<b><sup>3</sup></b> Obviamente, este maltrato no merecido tuvo un pernicioso efecto sobre su salud; incluso tras la construcción de la doble empalizada, Dreyfus estaba condenado a no ver nunca más el mar.<br />
<br />
Sin embargo, la mentira sobre su evasión también despertó entre los enemigos de Dreyfus la sensación de que el caso no estaba enterrado del todo, y que había que acallarlo. Con esa intención, el diario <i>“L’Éclair</i>” publicó dos artículos (10 y 14 de septiembre) que trataban de dejar bien sentada, de una vez por todas, la culpabilidad del condenado.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
Pero <i>“L’Éclair</i>” comete un error que resulta funesto para sus objetivos: dice que va a <i>“difundir a la luz del día la prueba que no ha podido ser presentada, ni siquiera en la discreción del día de la Audiencia</i>”. &#34;<i>Era importante que el traidor no pudiera escapar de su castigo [...] se estipuló que, incluso obtenidos legalmente, [los documentos del Dossier Secreto] no se presentarían a los debates. Por lo tanto, se comunicaron a los jueces solo en la sala de deliberaciones; esto terminó de decidir sus sentimientos</i>&#34;<br />
<br />
El Ministro de la Guerra Billot y el resto de autoridades no se atrevieron a publicar un desmentido (máxime cuando sabían que Picquart había descubierto la existencia del Dossier y era consciente de la ilegalidad) y la familia Dreyfus aprovechó para montar un poco de <i>bulla</i>: a partir del 6 de septiembre de 1896, Lucía Dreyfus escribió varias cartas a la Cámara de Diputados, al Zar, incluso al Papa, exponiendo la injusticia; los periódicos recogieron su contenido y, lentamente, los medios de izquierda y la oposición política empezaron a hacerse eco de que, culpable o no, Dreyfus no había tenido un juicio justo.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
Los antidreyfusistas tenían que hacer frente, pues, a dos amenazas: la interna, con Picquart (que insistía cada vez más en la culpabilidad de Esterhazy y la inocencia de Dreyfus); y la externa, con la familia del condenado ganando credibilidad pública.<br />
<br />
Los militares quisieron obligar a Picquart a llevar una encuesta separada sobre Esterhazy, sin volver sobre la “<i>cosa  juzgada</i>”. La negativa de Picquart a aceptarlo hizo que sus superiores le apartaran del caso y le destinaran a Tunicia, como veremos en el siguiente capítulo.<br />
<br />
Y con respecto al Dossier, cuya existencia se había pregonado, y que presentaba una inconsistencia amenazadora para quienes acusaban a Dreyfus, el Ministerio de Guerra y el SR (Espionaje) trataron de: primero, acallar las voces de quienes pedían su publicación (aludiendo a los “<i>Secretos de Estado</i>”; después, asegurando que la culpabilidad del condenado no ofrecía dudas “<i>sin necesidad del Dossier</i>”.<br />
<br />
Pero ahí no quedó todo. Hubert Henry,  que se había tomado el caso como algo personal, quiso reforzar las pruebas añadiendo por su cuenta un documento falsificado; descubierta la superchería tiempo después, supuso otro vuelco en el caso. Se llamó &#34;<i>Le Faux Henry</i>&#34;, y lo veremos más adelante.<b><sup>6</sup></b></p><p><strong>etiquetas</strong>: dreyfus, isla del diablo, double boucle, prensa  amarilla, grilletes</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=29087" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (VI): Picquart cambia de bando</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Mar 2020 18:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/70/media_thumb-link-28855.jpeg?1584442698' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Mientras Alfred Dreyfus viajaba a la Isla del Diablo, nadie, entre políticos, periodistas ni opinión pública, se atrevía a tomar su defensa.<b><sup>1</sup></b><br />
<br />
Sólo su familia (sus hermanos y su esposa Lucie) creyeron siempre en él. Lucie le escribió y respondió, siempre con confianza en su honor y confortándole; y su hermano Mathieu no paró en medios (económicos o de investigación) para encontrar quien pudiese demostrar su inocencia.<br />
<br />
Mathieu llegó a contactar con una vidente, (Léonie) a través de un reputado médico, el Dr. Gibert, de Le Havre, que creía en la inocencia del capitán. Según Mathieu, la vidente fue la primera que le habló de un “<i>Dossier</i>” secreto. Su existencia fue confirmada (el 20 de Febrero) a Gibert nada menos que por el Presidente de la República, <b>Félix Faure</b> (antiguo paciente y amigo personal suyo).<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
Con renovado convencimiento, Mathieu visita a todos los personajes que le parece que puedan ayudar a su hermano: el instructor del caso (Du Paty); el nuevo Ministro de la Guerra <b>Émile Zurlinden</b> (que había sustituido a Mercier); los expertos que habían examinado el “<i>Bordereau</i>”...  y, además, dos personajes que se convencerán y trabajarán por la inocencia de Dreyfus: el periodista libertario judío <b>Bernard Lazare<sup>3</sup></b> y el senador alsaciano (Vicepresidente del Senado, por entonces) <b>Auguste Scheurer-Koestner</b>.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
Pero, mientras Mathieu daba vueltas, con poco éxito por ahora, se produce, en Julio de 1895, un relevo clave a la cabeza del SR (Contraespionaje): el Coronel (desde Abril) Jean Sandherr, afectado por una Parálisis General Progresiva (sífilis 3ª) y en situación terminal, se retira. Posiblemente Hubert Henry (quien con Sandherr había urdido la trama contra Dreyfus) esperaba su puesto, pero las autoridades eligieron a un candidato más joven y mucho más brillante, Georges Picquart.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
Picquart emprendió una serie de reformas en el SR, que se había convertido con Sandherr y Henry en un nido de cotillas, vagos y soplones. Paulatinamente fue exigiendo mayor control sobre sus subordinados; en Marzo de 1896, ordena que todos los documentos conseguidos en la Embajada de Alemania pasen por sus manos, y muchas veces va a buscarlos él personalmente.<br />
<br />
Es así como descubre un documento crucial: un borrador de un “<i>petit bleu</i>” (o carta neumática)<b><sup>6</sup></b> que, aunque nunca había sido enviada, mostraba que había un segundo traidor en relaciones con Alemania. <br />
<br />
Sin embargo, en este caso el borrador, escrito por el propio agregado von Schwartzkoppen en persona, daba el nombre del sospechoso, y aún su dirección: el comandante <b>Ferdinand Esterhazy</b> [en la <b>imagen</b>]. Picquart, antes de ventear el asunto y que se convirtiera en otro escándalo, decidió averiguar todo lo posible sobre él; y, contrariamente a Dreyfus, que era de conducta intachable, descubrió que era un golfo, lleno de deudas, mujeriego, y desleal.<b><sup>7</sup></b> Además, había trabajado con Henry en 1877-80 en el “<i>Deuxième Bureau</i>” (Información Militar). Cuando informó a sus superiores, los generales Charles-Arthur Gonse (Subjefe de Estado Mayor); Raoul Boisdeffre (Jefe de Estado Mayor) y Jean-Baptiste Billot, (nuevo Ministro de la Guerra) le ordenaron seguir su investigación en secreto, para expulsar al nuevo traidor sin crear un nuevo “<i>Affaire Dreyfus</i>”.<br />
<br />
Pero lo más importante que descubrió era que la letra de Esterhazy era la del “<i>Bordereau</i>”; por lo menos, se parecía mucho más que la de Dreyfus. De hecho, Picquart llevó una muestra de la letra de Esterhazy a Bertillon, el <i>superexperto</i> que había servido para incriminar a Dreyfus. Bertillon, sin dudar, creyendo que la muestra era de Dreyfus, dijo que era idéntica a la del &#34;<i>Bordereau</i>&#34;; pero cuando se le informó que era un escrito reciente de otra persona, y por tanto Dreyfus era inocente, tuvo el cuajo de decir que &#34;<i>Sin duda los judíos han entrenado a alguien, quizás ese Esterhazy, para imitar la escritura de Dreyfus&#34;</i>.<b><sup>8</sup></b><br />
<br />
Picquart exigió a sus subordinados el “<i>Dossier secreto</i>” y se sorprendió de la absoluta falta de pruebas que contenía.<b><sup>9</sup></b> Convencido ya de la inocencia de Dreyfus, se entrevistó o hizo llegar su informe a sus superiores (los ya citados Gonse, Boisdeffre y Billot) que le prohibieron relacionar el &#34;<i>caso Esterhazy</i>&#34; con el &#34;<i>caso Dreyfus</i>&#34;. Es decir, pasase lo que pasase Dreyfus era ya &#34;<i>cosa juzgada</i>&#34; y debía quedar para siempre como culpable.<b><sup>10</sup></b><br />
<br />
La negativa de Picquart a callar hizo que sus superiores arruinasen su prometedora carrera militar (o eso pareció), destinándole a un obscuro puesto en el Magreb -donde esperaban que acabase sus días, y entiéndase lo que se quiera- y luego (como siguió sin ceder) deteniéndole y condenándole por traición.<br />
<br />
Pero no nos adelantemos: veamos qué hacía Mathieu Dreyfus mientras tanto.</p><p><strong>etiquetas</strong>: dreyfus, condena, picquart, antisemitismo, esterhazy</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=28855" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreyfus (V): La degradación</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Mar 2020 10:35:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/6f/media_thumb-link-28506.jpeg?1583172123' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>El 22 de Diciembre, el Consejo de Guerra condenó a Dreyfus, por unanimidad, a la máxima pena posible: &#34;<i>destitución de su grado, degradación militar en la próxima Jura de Armas de la guarnición de París, y deportación perpetua en un recinto fortificado</i>&#34;; esto es, en las Colonias.<br />
<br />
La apelación ante el Consejo de Revisión fue rechazada, como se esperaba, y la sentencia pasó a ser firme.<br />
<br />
Hay que señalar que la prensa y la opinión pública estaba, por entonces, absolutamente convencida de la culpabilidad de Dreyfus. Tanto políticos como periodistas, de derecha, centro o izquierda (como <b>Albert Clemenceau</b>, o <b>Jean Jaurès</b>, posteriormente partidarios de Dreyfus) exigían al Gobierno la aplicación de la Pena de Muerte.<b><sup>1</sup></b> Incluso se acusaba a los ministros de dejarse sobornar por el oro judío para desterrar a Dreyfus y facilitar luego su huida.<br />
<br />
El 31 de Diciembre Dreyfus recibió la visita del Comandante Du Paty de Claim, instructor de la causa contra él, enviado por el Ministro de Defensa Mercier para intentar conseguir su confesión.<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
Du Paty intentó por todos los medios que Dreyfus reconociese su culpa, aunque fuese con circunstancias en su descargo. Llegó a sugerirle: “<i>Tal vez usted haya ofrecido esos documentos a Alemania como un cebo, quizás para conseguir otros más importantes a cambio</i>”.<b><sup>3</sup></b><br />
<br />
Se sobreentendía que la confesión conduciría a unas condiciones de cumplimiento de condena algo menos rigurosas, pero Dreyfus continuó protestando su inocencia. En parte como castigo, y también por la campaña de la prensa antisemita, que advertía de la –infundada- posibilidad de fuga de Dreyfus gracias al &#34;<i>oro judío y sus contactos alemanes</i>&#34;, se cambió el lugar de destierro de la Península Ducos, en Nueva Caledonia, al <b>islote del Diablo</b>, en la Guayana.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
Respecto al “<i>Dossier Secreto</i>”, Mercier lo devolvió al SR (Contraespionaje) con instrucciones de que lo hicieran desaparecer como prueba, devolviendo cada documento a su archivo de origen. Pero Sandherr y Henry no cumplieron las órdenes; y la prueba permanecía cuando, un año después, Picquart pidió consultarla.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
La degradación de Dreyfus se produjo el 5 de Enero de 1895, en el patio de la Escuela Militar, ante cuatro mil soldados (cada regimiento de París envió un destacamento de veteranos y otro de novatos) y mandos militares y políticos, que se disputaban las invitaciones al acto. En los alrededores de la Escuela, se congregaron varias decenas de miles de personas gritando a muerte contra Dreyfus y los judíos, principalmente (pocos gritos se oyeron contra Alemania, por ejemplo).<br />
<br />
El capitán de la Guardia Republicana <b>Charles Lebrun-Renaud</b> (a veces mal transcrito como Lebrun-Renault) fue a buscar a Dreyfus a la prisión de Cherche-Midi para trasladarlo a la Escuela Militar. Durante el trayecto, y mientras esperaba el inicio del acto, Lebrun-Renaud acusó, o quizás preguntó a Dreyfus si era culpable. Dreyfus defendió su inocencia, y contó a Lebrun-Renaud la visita de Du Paty, la especie de oferta de declararse culpable con atenuantes, y su propio rechazo indignado. También le dijo que lucharía por su honor y el de su familia, que el abogado Demange le había asegurado que seguiría luchando por él, aunque le había advertido que “<i>no sería una cosa breve, de un año; quizás dos, tres, o más, pero se haría Justicia</i>”.<br />
<br />
Esto tiene su interés, puesto que Lebrun-Renaud, una vez entregado su prisionero, se pavoneó, contando esta historia a algunos amigos militares,  a conocidos suyos, incluso a periodistas: al día siguiente todos los periódicos publicaban que “<i>Dreyfus había confesado que entregó documentos para conseguir otros a cambio</i>” y que “<i>esperaba que, en dos o tres años, se estableciesen los hechos y fuese liberado</i>”.<b><sup>6</sup></b><br />
<br />
Por supuesto, todos los periódicos pregonaron que Dreyfus había confesado, pero que se excusaba en que lo había hecho por el bien de Francia (según la Prensa, una abyecta mentira, claro) y que se jactaba de ser liberado en un plazo de dos o tres años.<br />
<br />
Falso. Sigamos.<br />
<br />
El 5 de Enero un hercúleo Guardia Republicano llamado Bouxin procedió a arrancarle los galones, las bandas rojas de los pantalones, y cualquier distintivo del Ejército francés, y a romper su sable. [<b>imagen</b>] Hecho un pingajo, desfiló frente a los regimientos formados ante él, y aún tuvo arrestos para gritar: “<i>¡Soldados: se degrada a un inocente! ¡Viva Francia!</i>”.<br />
<br />
Tras la ceremonia, Dreyfus fue confinado en aislamiento hasta el 17 de Enero, fecha en la que fue trasladado a la isla de Ré, para esperar el transporte hasta la isla del Diablo. El 21 de febrero partió hacia la Guayana; donde, tras un mes de estancia en la isla Royale, llegó definitivamente al islote donde debía pasar el resto de su vida el 14 de Abril.<b><sup>7</sup></b><br />
<br />
Y ahí le dejaremos mientras, poco a poco, se fue formando el bando dreyfusista.</p><p><strong>etiquetas</strong>: dreyfus, degradación, mercier, antisemitismo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=28506" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreifus (IV): El Dossier Secreto</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Feb 2020 15:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/6e/media_thumb-link-28379.jpeg?1582660242' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Según las leyes francesas de la época, en la jurisdicción militar, todos los documentos debían ser presentados a la defensa de los acusados para su discusión; la consideración de pruebas a espaldas de la defensa era ilegal, y causa de la anulación del juicio.<b><sup>1</sup></b><br />
<br />
Pero, preparados para la posibilidad de una absolución, el Ministerio de la Guerra (con su titular el general Auguste Mercier a la cabeza) [<b>Imagen</b>] ordenó fabricar un <b>Dossier Secreto</b> <i>(“por si acaso</i>”), que construyeron entre el <b>Servicio de Estadísticas</b> (SR, el Contraespionaje, concretamente los ya conocidos Jean Sandherr y el comandante Hubert-Joseph Henry), y el <b>Estado Mayor General</b> (que dirigía el general Raoul Mouton de Boisdeffre).<br />
<br />
El Dossier, dentro de un sobre cerrado, fue entregado a Maurel, Presidente del Tribunal, durante la pausa entre las deposiciones de testigos y los alegatos finales de defensa y acusación. El portador fue Armand Du Paty o Georges Picquart (hay versiones contradictorias); si bien, al menos Picquart, no sabía lo que contenía (aunque había oído hablar de unas pruebas aplastantes contra el acusado, que se presentarían a su tiempo).<br />
<br />
No se sabe con seguridad qué documentos había en el sobre, pero ejercieron un efecto fulminante sobre los jueces.<b><sup>2</sup></b> Tras el juicio se continuaron incluyendo muchos informes, que tocaban de cerca o de lejos este asunto;<b><sup>3</sup></b> pero en el momento en que se presentó al Tribunal, en 1894, contenía <b>una carpeta con entre cuatro y diez documentos principales</b>, y <b>otra con un número indeterminado de documentos “<i>de relleno</i>”</b>.<b><sup>4</sup></b> De todos ellos, solo uno es absolutamente seguro: la carta llamada “<i>ce canaille de D.</i>”.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
Esta carta, único documento que figuraba con absoluta seguridad, era el borrador de una carta cifrada dirigida por el agregado militar alemán, <b>Maximilien Von Schwartzkoppen</b>, al agregado militar italiano <b>Alessandro Panizzardi</b>. Pero, antes de seguir, vamos a establecer unos hechos que eran conocidos de las altas esferas y de la buena sociedad parisina.<br />
<br />
Schwartzkoppen y Panizzardi eran amantes, y se intercambiaban -además de información secreta- cartas de un alto contenido erótico. Con frecuencia firmaban como <i>Maximilienne </i>o <i>Alexandrine</i> (alternativamente, dando a entender que intercambiaban papeles activo-pasivo) o con apodos aún más reveladores, como “<i>bourreur</i>” (en este contexto, “<i>follador</i>”), “<i>tu perrito</i>”, etc. El agregado alemán era bisexual, y mantenía también una relación con<b> Hermance de Weede</b>, la mujer de un Consejero de la Legación de Holanda; y tanto él como Panizzardi mantenían ocasionalmente aventuras con otros hombres.<br />
<br />
El SR era conocedor de todo esto por la vigilancia que hacían a todos los relacionados con las embajadas extranjeras, pero las relaciones íntimas de cada cual no eran prioridad... de momento.<b><sup>6</sup></b><br />
<br />
Volviendo al Dossier Secreto, la única nota que todos los testigos aseguran que estaba incluida, la de “<i>ce canaille de D.</i>” es recordada, precisamente, porque era la única que podía relacionarse con Dreyfus, debido a la inicial &#34;<i>D.</i>&#34;. Sin embargo, SR y el Ministerio de Defensa sabían que “<i>D.</i>” no podía, de ninguna manera, ser Dreyfus.<b><sup>7</sup></b><br />
<br />
Pero ¿por qué un Dossier con una prueba tan débil como una inicial pudo influir tanto en los jueces como para condenar a Dreyfus?<br />
<br />
Recientes investigaciones han reconstruido, hasta donde se puede, el Dossier entregado a los jueces. No existe ninguna prueba que incrimine a Dreyfus. De hecho, pocos documentos de los que se entregaron al Tribunal hablaban de espionaje, real o inventado.<b><sup>8</sup></b> Por el contrario, la mayoría de ellos son &#34;<i>chismorreos</i>&#34; sobre un grupo de diplomáticos, nobles y gente de la buena sociedad de París, que llevaban una vida licenciosa (al menos, para gente tan conservadora como los militares del Tribunal que juzgaba a Dreyfus).<b><sup>9</sup></b><br />
<br />
Sin embargo, quienes fabricaron el Dossier sabían lo que se hacían. Se había sembrado la duda sobre los jueces del Tribunal Militar en cuanto a la culpabilidad de Dreyfus. La prueba de un documento -no fechado- con una inicial, podía o no corresponder con el acusado, y ante un Tribunal Civil, incluso de entonces, hubiese sido desestimada con seguridad. Pero la malicia de los acusadores estuvo en llenar el Dossier de informes sobre adulterios, libertinajes, y sobre todo descripciones de contactos homosexuales, que hicieron creer a los jueces militares (honrados, pero obtusos) que se enfrentaban a una especie de Sodoma y Gomorra.<b><sup>10</sup></b> <br />
<br />
El caso es que los jueces, poco versados en leyes (no sabían siquiera que era ilegal transmitir pruebas sin contradicción de la defensa); confiados en el honor militar de sus superiores, antisemitas y homófobos, fueron guiados hacia la condena a Dreyfus.</p><p><strong>etiquetas</strong>: consejo de guerra, dreyfus, picquart, homofobia, mercier</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=28379" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L’Affaire Dreifus (III): El Consejo de Guerra</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Feb 2020 07:25:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/6e/media_thumb-link-28230.jpeg?1582053861' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>El Consejo de Guerra se abre el 19 de Diciembre, ante siete jueces<b><sup>1</sup></b>.<br />
<br />
La primera cuestión que se plantea es el “<i>huis clos</i>”; es decir, la celebración “<i>a puerta cerrada</i>”. El Ministerio de la Guerra, con el General Mercier a la cabeza, insiste para que se declare el “<i>huis clos</i>”, oficialmente porque se van a tratar asuntos que atañen a la seguridad de Francia;<b><sup>2</sup></b> pero, en realidad (pues los documentos más comprometedores no salieron en los debates, como veremos) es más que probable que Mercier quisiese ocultar que toda la acusación contra Dreyfus descansaba sobre una única prueba, el “<i>Bordereau</i>”; y, exclusivamente sobre la similitud de su letra con la de Dreyfus que, como veremos estaba muy lejos de convencer a los expertos.<br />
<br />
Ese era también el motivo por el que la familia Dreyfus, y su abogado Demange, se oponían a la audiencia a puerta cerrada: estaban seguros de que, si la opinión pública veía la inexistencia de pruebas, se impondría la absolución.<br />
<br />
Tal medida sólo podía ser decretada por los Jueces, de modo que el Ministerio de la Guerra hizo presiones sobre ellos para conseguir que lo hicieran.<br />
<br />
Por su parte, la prensa más antisemita y ultraderechista cargaba contra el “<i>huis clos</i>” que, según ellos (creyéndolo o fingiéndolo creer, para atizar más a Mercier) era una añagaza para absolver a Dreyfus.<br />
<br />
Nada más empezar, el Comandante <b>André Brisset</b>, Comisario del Gobierno (Fiscal del Estado) exige el “<i>huis clos</i>”, por “<i>necesidades de la defensa de Francia</i>”. Pese a todos los intentos de Demange, a quien los jueces no dejan exponer sus argumentos,<sup><b>3</b></sup> el Consejo de Guerra accede a decretarlo pocos minutos después de abrirse la sesión.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
Los testigos se suceden: sólo hablaremos de los más importantes.<br />
<br />
Du Paty se mete en un jardín tremendo, describiendo sus interrogatorios y las supuestas reacciones culpables de Dreyfus. Pero el acusado se defiende bien, desmintiendo las acusaciones, y Demange ridiculiza al Comandante.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
El “<i>Bordereau</i>” se discute; Dreyfus demuestra que, en la fecha del documento, él sabía que no iba a ir de maniobras. Los informes filtrados a Alemania, o no estuvieron a su alcance, o pudieron estar en manos de cualquiera.<br />
<br />
Henry, viendo que pinta mal, se hace llamar a declarar por Maurel; y jura por su honor, señalando un crucifijo que presidía la sala, que un caballero “<i>honorable, de cuya palabra no se puede dudar</i>”, le había señalado que Dreyfus era un traidor. Cuando Dreyfus, indignado, exige que se nombre a quien le acusa, Henry afirma, teatralmente (en la imagen), “<i>Hay secretos en la cabeza de un militar que hasta su gorra debe ignorar</i>”.<b><sup>6</sup></b><br />
<br />
El día 20 y 21 fueron escuchados los expertos que debían opinar sobre la similitud de las letras. Hubo discrepancia de opiniones: dos contra dos.<b><sup>7</sup></b> <br />
<br />
Queda Bertillon, que sube al estrado con una pizarra y un montón de esquemas para demostrar que las letras son similares. Nadie entiende nada de su pedante perorata, pero eso mismo le hace ganar puntos ante los jueces. Para explicar las diferencias entre ambas letras, Bertillon se saca de la manga una curiosa teoría: la “<i>Autoforgerie</i>” (“<i>Autofalsificación</i>”): Dreyfus, temiendo que sospecharan de él, había deformado voluntariamente su letra, introduciendo trazos calcados de las letras de su mujer Lucie, y su hermano Mathieu. La diferencia de letras, para Bertillon, es otra prueba de la culpabilidad de Dreyfus, pues demostraba el esfuerzo del acusado por disimular su letra.<b><sup>8</sup></b>   <br />
<br />
Durante el Consejo se oyeron muchos otros testigos. Primero, los de la acusación: algunos, reclutados entre los &#34;<i>mouchards</i>&#34; (soplones) de la Policía, describen a Dreyfus como un jugador, un mujeriego, de catadura moral dudosa; otros, antiguos compañeros de Dreyfus (casi todos antisemitas) lo definen como altanero, pagado de sí mismo, excesivamente curioso; casualmente, &#34;<i>todos desconfiaron de él desde el principio</i>&#34;.<br />
<br />
Pero otros testimonios actuaron como descargo: algunos compañeros de armas (no judíos, en general) lo recordaban como un compañero leal, fiel y patriota. Compatriotas y conocidos de Alsacia testificaron la honestidad y el patriotismo de su familia.<br />
<br />
Pero los chismorreos de taberna no podían demostrar la culpabilidad de Dreyfus, y no hicieron mella en los jueces.<br />
<br />
Las cosas pintaban mal para la acusación. Sus testigos no habían podido demostrar nada, y sólo un único documento, el “<i>Bordereau</i>”, de autoría apócrifa, sostenía los cargos. Picquart informó a Mercier, Ministro de Guerra, que tanto podía haber condena como absolución.<br />
<br />
Pero, previendo esa posibilidad, el Ministerio había hecho fabricar una auténtica bomba, un Dossier Secreto que, en abierta ilegalidad, se hizo llegar a los jueces, para decidirlos en contra de Dreyfus.<b><sup>9</sup></b><br />
<br />
Lo veremos en el siguiente capítulo.</p><p><strong>etiquetas</strong>: consejo de guerra, dreyfus, picquart, huis clos, mercier</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=28230" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L'Affaire Dreyfus (II): a la luz pública</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Feb 2020 23:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/6d/media_thumb-link-28097.jpeg?1581372553' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Du Paty de Claim, encargado de la investigación oficial el 14 de Octubre, sabía que no había pruebas suficientes contra Dreyfus.<sup><b>1</b></sup> Adoptó la estrategia de “<i>susto o muerte</i>”: recibió a Dreyfus; le explicó que sólo se trataba de inspección rutinaria; le hizo sentarse y, con la excusa que él no podía escribir por una herida en la mano, le dictó unas frases.<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
De repente, Du Paty, teatralmente, interrumpe el dictado (¿cree haber reconocido pruebas de culpabilidad, o busca provocar el pánico al investigado?) y anuncia a Dreyfus su detención por <b>delito de alta traición</b>. Descubre una pistola que había dejado bajo una carpeta, como una obvia invitación al suicidio. Sin embargo, Dreyfus hace firmes protestas de inocencia. En realidad, aún no comprende de qué se le está acusando, puesto que ni siquiera le han explicado por qué sospechan de él.<br />
<br />
Dreyfus, el mismo día 15, fue encarcelado en la prisión <b>Cherche-Midi</b>. Mientras, Du Paty se presenta en casa de Dreyfus, donde anuncia a <b>Lucie Dreyfus</b> que su marido ha sido encarcelado, y ordena a los oficiales de policía que le acompañan que hagan un registro completo, sin encontrar nada incriminatorio. Se llevan un montón de documentos, que examinarán durante varios días, sin resultados. Du Paty impone a Mme Dreyfus (que aún no sabe de qué ha sido acusado su marido) un silencio absoluto: “<i>Ni una palabra, ni siquiera a sus familiares, o su marido está perdido</i>”.<br />
<br />
Dreyfus fue incomunicado; pero aún peor: no se permitió la visita de ningún abogado defensor, ni siquiera se informó a su familia (excepto su mujer, a quien se aterrorizó para que callara). Era una situación absolutamente ilegal, pues ninguna Legislación francesa, ni la Militar, permitía privar de asistencia jurídica al detenido, o informar a la familia de su situación.<br />
<br />
Du Paty le interrogó día y noche; sin maltratos físicos, pero sí psicológicos: el motivo era, obviamente, forzar su confesión. Paradójicamente, el Comandante de las Prisiones Militares de París, <b>Ferdinand Forzinetti</b>, encargado personalmente de la incomunicación de Dreyfus, asistió a estas <i>irregularidades</i> y la reacción del acusado, y se convenció de la inocencia de Dreyfus. <b><sup>3</sup></b> Fue “<i>el primer dreyfussard</i>”.<br />
<br />
Los interrogatorios no llevaban a nada; y, entonces, se produce una filtración a la prensa más antisemita.<b><sup>4</sup></b> No se sabe quién <i>se chivó </i>a la Prensa; obviamente, nadie de la familia Dreyfus; pero tampoco del Gobierno, que se ve atacado implacablemente por estos medios, que piden la dimisión del Ministro de la Guerra Mercier, por “<i>incapaz y contemporizador con los judíos</i>”. Se ha especulado con que pudo ser algún oficial descontento con los pocos avances de la investigación y la probable retirada de las acusaciones: Henry, Du Paty de Claim…o alguien más alto en la jerarquía.<br />
<br />
El 3 de Noviembre, el Gobernador Militar de París, general <b>Saussier</b> (que había recomendado prudencia en la acusación contra Dreyfus; sea porque sabía que las pruebas eran endebles, o porque sospechaba que el culpable era otro) se vio obligado por sus superiores a abrir la Instrucción a un Consejo de Guerra.<br />
<br />
Mientras tanto, el caso pasó a ser de dominio público. El hermano mayor de Alfred, <b>Mathieu Dreyfus</b>, acude lo más pronto que puede a París; se entrevista con Sandherr, Du Paty, intentando conseguir una entrevista con su hermano, sin éxito. Sin rendirse, busca un abogado, <b>Edgar Demange</b>. <br />
<br />
El oficial nombrado para llevar la Instrucción del caso (<i>le rapport</i>) ante el Consejo de Guerra, comandante <b>Besson d’Ormescheville</b>, se entrevista con dos docenas de testigos del caso, y con Dreyfus. Su <b>Acta de Acusación de 3 de Diciembre</b> es cualquier cosa menos imparcial, y sin embargo muestra una sorprendente fragilidad de pruebas.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
En medio de lo que ahora llamaríamos Juicio Paralelo<b><sup>6</sup></b> (en la imagen, un Drummont arroja a Dreyfus -con casco alemán- a las alcantarillas, mientras dice &#34;<i>Franceses, hace ocho años que os lo vengo diciendo</i>&#34;, refiriéndose a la presencia de traidores judíos en el Ejército y otros poderes de Francia), el 4 de Diciembre se termina la instrucción, se levanta el secreto de Sumario, y se fija la apertura del Consejo de Guerra para el día 19.<br />
<br />
El abogado de Dreyfus y su familia son optimistas, viendo que, en realidad, sólo hay una prueba, (&#34;<i>le Bordereau</i>&#34;), y contestada por varios expertos.<br />
<br />
Otro asunto para la polémica: dada la naturaleza secreta de lo que se va a tratar, es muy probable que se decrete el Consejo &#34;<i>à huis clos&#34;</i> (a puerta cerrada). Parece lógico, pero la prensa antirrepublicana y antisemita ve otra oportunidad para atizar al Gobierno: &#34;<i>se quiere hacer a puerta cerrada para absolver al traidor</i>&#34;.<br />
<br />
Cuando, el día 19, se abre el Consejo de Guerra, Dreyfus puede ser absuelto. Pero... hay gente que no puede aceptar la absolución.</p><p><strong>etiquetas</strong>: francia, dreyfus, antisemitismo, prensa</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=28097" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>L'Affaire Dreyfus (I): Introducción y descubrimiento del caso</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Feb 2020 13:45:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/6d/media_thumb-link-28043.jpeg?1580936679' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Recientemente he visto la película “<i>El Oficial y el Espía</i>”, que presenta el “<i>Affaire Dreyfus</i>” desde el punto de vista de <b>Georges M. Picquart</b>, uno de los más importantes actores del hecho; y me ha parecido interesante escribir algo sobre este asunto, uno de los más decisivos en la historia contemporánea de Francia y del Mundo Occidental.<br />
<br />
En 1894 Francia vivía entre el odio y resquemor tras la derrota contra los prusianos de 1870 y, en el interior, un enfrentamiento entre la Derecha (monárquica, antisemita, partidaria de la unión Iglesia – Estado) y la Izquierda (republicana, laica). Por si fuera poco, en los años anteriores varios escándalos agitaron la opinión pública y los medios políticos del país.<b><sup>1</sup></b><br />
<br />
En este ambiente enrarecido, el Servicio de Estadísticas Militares (una cobertura para disimular el Contraespionaje) recibió, sobre el 27 de Septiembre, a través de una agente que trabajaba en la Embajada alemana en París, un documento comprometedor.<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
Se trataba de un escrito en papel cebolla, roto en seis pedazos; sin encabezar (pero se había dirigido al agregado militar alemán, <b>Max von Schwartzkoppen</b>) ni firmar. Alguien (se supone que un traidor que facilitaba secretos a los alemanes, y que mostraba cierta asiduidad en el trato, pues decía “<i>sin novedades que indiquen que queráis verme</i>”) le informaba de cinco datos que pudieran serle de interés. Este documento fue conocido en adelante como “<i><b>Le Bordereau</b></i>” – El Informe-.<b><sup>3</sup></b> La imagen que acompaña es una fotografía de 1894, pues el original desaparecó en 1940<br />
<br />
“<i>Le Bordereau</i>” fue reconstruido por el Jefe Adjunto del Servicio de Estadística, comandante <b>Hubert-Joseph Henry</b> que, en la práctica, era el que mandaba en el servicio. El verdadero Director, <b>Jean Sandherr</b>, confiaba en él absolutamente y ya mostraba los síntomas de sífilis terciaria que le llevaron a la muerte en 1897. Se decidió advertir al Ministro de Defensa, <b>Auguste Mercier</b>, de que había un “<i>topo</i>” que pasaba información a Alemania; y el ministro decidió llevar a cabo una investigación en secreto.<br />
<br />
Tan en secreto que se limitó a los miembros del Servicio de Estadística y algunos &#34;<i>de confianza</i>&#34; del Estado Mayor -de donde parecía venir la filtración- pues sólo ellos manejaban estos documentos. Arbitrariamente se decidió que la filtración sólo podía venir de un miembro fijo del Estado Mayor (idea rechazada absolutamente por el propio servicio) o de uno de los oficiales - y artillero- que se formaban haciendo prácticas en sus distintos Departamentos.<b><sup>4</sup></b><br />
<br />
Una vez reducida la sospecha a los oficiales artilleros que habían rotado por el Estado Mayor en 1984, se examinaron los expedientes de los sospechosos, una media docena. Entre ellos, el culpable perfecto, <b>Alfred Dreyfus</b> (“<i>ese judío</i>”, se dijo muchas veces posteriormente) destacaba.<b><sup>5</sup></b>. Una de las personas que estudiaban los expedientes, <b>Henri d’Aboville</b>, un tarugo sin ningún conocimiento de <b>Grafología</b>, fue el primero que creyó reconocer la letra de Dreyfus en el “<i>Bordereau</i>”. <br />
<br />
Nos encontramos aún a principios de Octubre de 1894; pocos días después del hallazgo del “<i>Bordereau</i>” y, pese a las sospechas sobre Dreyfus, nadie quiere tomar la decisión de acusarle.<b><sup>6</sup></b> Deciden consultar con el comandante <b>Armand du Paty de Clam</b>: otro <i>listillo</i> que, a pesar de no tener tampoco ninguna formación en criminología, gustaba de presentarse en medios militares como aficionado experto en grafología y deducción policíaca.<br />
<br />
El  5 de Octubre, Du Paty de Clam asumió, con toda seguridad, la identidad entre la caligrafía del “<i>Bordereau</i>” y la de Dreyfus; y, por lo tanto, confirmado –para él- el culpable, se ofreció a montar una trampa para confundir y lograr la confesión de Dreyfus,<b><sup>7</sup></b> que por entonces vivía tan feliz con su mujer e hijos.<br />
<br />
Por su lado, el Ministro de Defensa Mercier había consultado al experto en escrituras (y falsificaciones) del Banco de Francia, <b>Alfred Gobert</b>, que se manifestó contra la similitud de ambas escrituras.<br />
<br />
Obviamente, Mercier, y quienes creían ya en la culpabilidad de Dreyfus, no estaban de acuerdo, y consultaron con otros expertos que les diesen la razón. El más famoso fue <b>Alphonse Bertillon</b>, entonces en la cúspide de su carrera.<b>8</b> Aunque primero se manifestó de acuerdo con Gobert, luego se plegó a la presión de los militares, aceptando que, si todos lo aseguraban, seguramente Dreyfus era culpable…<br />
<br />
Finalmente, Mercier (que buscaba un culpable rápido para combatir su constante bajada de popularidad) autorizó que Du Paty de Claim montase un numerito para sorprender a Dreyfus y lograr su confesión.<br />
<br />
El 15 de Octubre, Dreyfus es citado “<i>en ropa de paisano</i>” en el Ministerio de la Guerra. No tiene ni idea de la que le espera...</p><p><strong>etiquetas</strong>: francia, dreyfus, antisemitismo, zola, picquart</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=28043" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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