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	<title>Mediatize: chuikov</title>
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	<description>Sitio colaborativo de publicación y comunicación entre blogs</description>
	<pubDate>Wed, 28 Oct 2020 14:15:01 +0000</pubDate>
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		<title>Hitler y los errores de la batalla de Stalingrado (II): Operación Urano</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2020 14:15:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/80/media_thumb-link-32824.jpeg?1603880220' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>Bien, pues ya tenemos a las tropas alemanas y sus aliados en Stalingrado, ciudad que han destruido mediante feroces bombardeos y que, desde Agosto, intentan tomar al asalto.<br />
<br />
En la [<b>imagen</b>] acompañante, que recoge la evolución de la campaña desde el 24 de Julio al 18 de noviembre de 1942 - víspera de la <b>Operación Urano</b> - vemos la distribución de los ejércitos del Eje. Como podemos apreciar, forman un saliente de forma triangular, cuyo vértice, como una punta de lanza, lo forma el propio 6º Ejército, mandado por <b>Friedrich Paulus</b>, (no &#34;<i>von Paulus</i>&#34;), y las unidades del 4º Ejército Panzer, dirigidas por <b>Hermann Hoth</b> (aunque las unidades Panzer solían ser utilizadas como reservas móviles y variaban su posición con frecuencia). El flanco derecho de estas unidades lo “<i>protegen</i>”, por decir algo, las unidades del 4º Ejército rumano, dirigido por <b>Constantin Constantinescu</b>, y más allá se despliegan las unidades del <b>Grupo de Ejércitos A</b>. A su izquierda se encuentra el 3º Ejército rumano (<b>Petre Dumitrescu</b>); luego el 8º Ejército italiano (<b>Italo Gariboldi</b>) y, finalmente, el 2º Ejército húngaro (<b>Gustáv Jany</b>).<b><sup>1</sup></b><br />
<br />
Y vamos ya con el siguiente error.<br />
<br />
- <b>Quinto error</b>: <b>No tomar en cuenta las advertencias sobre una ofensiva rusa sobre los flancos del 6º Ejército y despreciar las capacidades del enemigo</b>.<br />
<br />
Sí… pero hay que matizarlo. En primer lugar, no debemos otorgar un crédito excesivo a las memorias de quienes participaron en la batalla o a los relatos personales que se recogen en  libros como el de <b>William Craig</b> (1974) y de <b>Anthony Beevor</b> (1998); son muy recomendables para una lectura amena e instructiva, pero casi cada militar alemán que entrevistaron te cuenta que “<i>él ya lo vio venir</i>”. Paulus, en sus memorias, también insiste en que fue consciente todo el tiempo de lo que se le venía encima… pero no hizo nada cuando aún estaba a tiempo.<br />
<br />
Lo cierto es que no hay que ser ningún experto para, echando un vistazo al mapa, y sabiendo que las unidades rumanas tenían un equipamiento muy inferior al de sus homólogas alemanas (cosa que sabían todos, incluido Hitler, que dijo por activa y pasiva que no se fiaba de que sus carísimos nuevos juguetes bélicos se entregasen a tropas no alemanas), una doble maniobra sobre ellas podía poner en serios aprietos al 6º Ejército. Veremos eso luego.<br />
<br />
Hubo muchas advertencias, sí. Pero también las había de inminentes ataques en el sector Norte, y el Centro. Los rumanos del 3º Ejército, por ejemplo, continuamente informaban de que esperaban una ofensiva rusa en las próximas 24 horas, y aquello se transformó en el cuentecillo del pastor que gritaba “<i>lobo</i>”.<br />
<br />
Los alemanes sabían de los preparativos rusos, habían detectado la formación de nuevas divisiones y su envío a zonas tranquilas del frente, pero no se imaginaban ni la magnitud de la ofensiva ni tenían claro la dirección del ataque. <b>Reinhard Gehlen</b>, Jefe de la <b>Fremde Heere Ost</b> (Inteligencia Militar del Frente Este, nada menos) informó al Führer de que los rusos planeaban una ofensiva contra el sector Centro (y efectivamente se produjo).<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
Concedamos un punto positivo al Ejército Rojo, que estaba aprendiendo aceleradamente el arte de la “<i>maskirovka</i>” (en ruso, engaño, camuflaje, decepción) que luego le serviría magistralmente en la “<b>Operación Bragation</b>” de 1944.<br />
<br />
El grave error, en estos momentos, no es pasar de los informes que predecían una ofensiva soviética. Es la creencia de Hitler (que se contagió a sus subordinados) en que los bolcheviques (término que prefería Goebbles por entonces) eran ya <b>incapaces de sacar reservas de soldados mínimamente entrenados</b> y, sobre todo, <b>que no existían mandos que pudieran realizar grandes ofensivas</b> (y menos tan complejas como la Operación Urano, con dos pinzas, al mismo tiempo que la Operación Marte, en el sector Centro). Así, le parece imposible que el 6º Ejército pueda ser rodeado, aunque es consciente de la debilidad de sus flancos; pero cuando empieza el ataque ruso, desde el Norte, el 19 de Noviembre, sus propios comandantes (Paulus, su jefe de Estado Mayor <b>Arthur Schmidt</b>) no se preocupan, y envían sus reservas a taponar el “<i>agujero</i>” que se ha creado en el sector del 3º Ejército rumano sin darse cuenta de que, con ello, harán aún más fácil el ataque desde el Sur. Lo veremos luego.<br />
<br />
También, por ejemplo, es un error (aunque lo veamos ahora con la ventaja de saber lo que ocurrió) enviar los caballos, bueyes, incluso camellos, y las unidades de reparación, a la retaguardia, para ahorrar los trenes que aportarían el forraje y los repuestos. El 6º Ejército lo hizo siguiendo una instrucción del Cuartel General del Führer, desde luego, pero si Paulus (como afirmó luego) sospechaba una ofensiva rusa que podía cortar sus líneas de comunicación, jamás debería haberse plegado a ello, al menos sin protestar.<b><sup>3</sup></b><br />
<br />
Y aquí tenemos la siguiente razón para el error: la “<i>anestesia</i>” que se produjo en la Wehrmacht ante el Mando Supremo. La tradición del <b>Ejército Prusiano</b> (como la del inglés, o del soviético antes de Stalin) concedía una razonable capacidad de desobediencia basada en la capacidad de los comandantes de apreciar los peligros y las ocasiones sobrevenidos y reaccionar con rapidez. Ahora, con la manía de Hitler de controlar los movimientos del Ejército a nivel incluso de batallón, y de interferir con las órdenes, cesando a quien le parecía que <i>“no tenía espíritu nacionalsocialista</i>”, se produjo una apatía en los mandos superiores y medios del Ejército que disminuyó su eficacia.<br />
<br />
El exceso de confianza que tenía Hitler en la inferioridad del Ejército Rojo se extendía a todos los cuadros de mando de la Wehrmacht. Simplemente, no creían posible que pudiesen montar un dispositivo tan complejo como la Operación Urano, atacando en dos puntos (no digamos si asumimos que la Operación Marte era una distracción de dicha operación) y con varios Ejércitos coordinados.<b><sup>4</sup></b> Acostumbrados al desastroso papel de los soviéticos en la <b>Guerra de Invierno contra Finlandia</b> (1939-1940) y durante las campañas de verano de 1941-1942, consideraban la capacidad operativa del Ejército Rojo como casi nula. Incluso <b>Sermion Timoshenko</b>, bastante menos inútil que Budionni o Voroshilov, era muy inferior a sus rivales alemanes y fue vapuleado por éstos a placer.<br />
<br />
Los alemanes no se dieron cuenta de que en 1941 estaba surgiendo una nueva generación de comandantes militares altamente cualificados; entre ellos destacaban <b>Gueorgui Zhúkov</b>, <b>Andrey Yeryomenko</b> y <b>Aleksander Vasilevski</b>; y en las Fuerzas Aéreas, <b>Aleksander Novikov</b>. Los tres primeros estuvieron taponando la fracasada <b>Operación Tifón</b> (el ataque alemán a Moscú en 1941), y en el contrataque soviético posterior (aunque Yeryomenko fue herido en Octubre, volvió al frente en Enero) pero los comandantes alemanes no fueron capaces de percibir la mejora en la planificación del Ejército Rojo;<b><sup>5</sup></b> se conformaron con la cómoda explicación hitleriana del “<i>General Invierno”</i>; y, por dentro, refunfuñaron de la poca previsión del Führer y sus frecuentes interferencias en el mando, mientras Hitler por su parte culpaba a voz en cuello a sus generales de timoratos y de querer a toda costa tomar posiciones defensivas.<br />
<br />
Por si fuera poco, las nuevas derrotas soviéticas en 1942 reafirmaron en Hitler y sus generales la pobre opinión que tenían sobre sus adversarios y su seguridad en una superioridad aplastante de la Wehrmacht y de su propia dirección de la guerra. A mi juicio, este fue el principal error de Hitler y de sus subordinados (contagiados; o, como dice Beevor, “<i>corrompidos</i>” por él) que condujo al desastre de Stalingrado: la <b>autocomplacencia y el desprecio a las capacidades del adversario de aprender de sus errores y corregir sus carencias</b>. Pero, aunque Hitler sea, por supuesto, el mayor culpable, sus generales tienen su parte, y no poca, de culpa.<br />
<br />
Así, en las primeras horas del ataque soviético el 19 de Noviembre [<b>imagen en Nota 1</b>], al recibir noticias del hundimiento del frente del 3º Ejército rumano, Paulus no se preocupó lo más mínimo. Considerando que los rumanos corrían porque eran unos cobardes, o así, ordenó al <b>XLVIII Cuerpo Panzer</b> que se dirigiera a Kletskaia, el punto de penetración (uno de ellos, en realidad) para cerrar la brecha. Pero, a medio camino, se recibió una contraorden del propio Hitler, para que se dirigiera a Serafimovich, otro de los boquetes en el frente. Pero, para mí, lo asombroso es que, según testigos presenciales, ni Paulus ni su adjunto Schmidt estaban preocupados, pese a que debían saber que el XLVIII Cuerpo Panzer, en teoría poderoso, no contaba con más de 100 tanques operativos (el poderío de una división blindada) y era imposible que contuviesen a todo un Ejército de Tanques soviético; no digamos a todo lo que se les vino encima.<br />
<br />
De hecho, los principales “<i>genios</i>” del III Reich y del 6º Ejército no se percataron del riesgo de cerco hasta el día 21 o 22, cuando ya era inevitable…<br />
<br />
Dicho esto (y me he extendido más de lo que debiera) el próximo capítulo irá sobre ¿<b>Se debió dejar a Paulus tratar de romper el cerco</b>?</p><p><strong>etiquetas</strong>: hitler, stalingrado, paulus, chuikov, wehrmacht, ejército rojo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=32824" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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		<title>Hitler y los errores de la batalla de Stalingrado (I): Fall Blau (Caso Azul)</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2020 16:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rob_Ben_Gebler</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img src='https://beta.mediatize.info/cache/00/7f/media_thumb-link-32726.jpeg?1603370215' width='312' height='170' alt='' class='thumbnail' style='float:right;margin-left: 3px' align='right' hspace='3'/><p>¿Fue culpa de Hitler la debacle de <b>Stalingrado</b>? Pues sí… y no. Hitler dio por vencido prematuramente al <b>Ejército Rojo</b>, lo creyó incapaz de montar una contraofensiva a gran escala, y despreció temerariamente los informes que avisaban de las concentraciones de tropas a espaldas de sus tropas de Stalingrado. Sin embargo, permitir la retirada de Paulus tras el cerco hubiese llevado, casi con toda seguridad, a la destrucción de sus tropas ya en diciembre, y seguramente la pérdida de varios ejércitos alemanes, las tropas del Cáucaso. <br />
<br />
Veamos.<br />
<br />
El 28 de Junio de 1942, el <b>Grupo de Ejércitos Sur</b>, con el 4º Ejército Aéreo (<b>Luftflotte 4</b>) desencadenan la <b>Operación Azul</b>, con dos objetivos principales que se lograrían consecutivamente: <br />
<br />
- <b>A) alcanzar el Volga, cortando la comunicación del centro con el sur de la URSS</b> (Stalingrado era sólo un objetivo accesorio, y su captura no se consideraba prescindible), y servir de cobertura al resto de la operación; y <br />
<br />
- <b>B) llegar al Cáucaso y apoderarse de los pozos petrolíferos</b> de la región, lo que acabaría con la dependencia alemana del petróleo externo.<br />
<br />
Inicialmente, la Wehrmacht no tuvo ningún problema en destrozar las líneas defensivas rusas, distribuidos en cuatro frentes: <b>Frentes de Bryansk, Sudoeste, Cáucaso Sur y Cáucaso Norte</b>. Dos factores influyeron en ello: la creencia de Stalin y la <b>Stavka</b> (Cuartel General ruso) de que la ofensiva principal iría dirigida hacia Moscú (creyeron durante bastantes días que la ofensiva alemana giraría hacia el Norte para formar una pinza con el <b>Grupo de Ejércitos Centro</b>, y por tanto no reaccionaron a tiempo); y la habilidad de la Wehrmacht para crear superioridades aplastantes locales y penetrar en profundidad, embolsando al enemigo y destruyéndolo.<br />
<br />
Pero veamos los errores, posibles o seguros, de esta campaña:<br />
<br />
- <b>Primer error (posible)</b>: Ante el éxito inicial, Hitler cambió de planes y decidió acometer ambos objetivos a la vez, en lugar de uno detrás de otro; para ello dividió el Grupo de Ejércitos Sur en dos (<b>Orden nº 45 del 23 de Julio</b>):<br />
<br />
---&#62; <b>El Grupo de Ejércitos “A”</b>, al mando de <b>Wilhelm List</b>, con el 11º y 17º Ejércitos alemanes, el 3º Ejército rumano y el 1º Ejército Panzer, estaba encargado de la <b>Operación Edelweiss</b>: arrebatar a los rusos el Cáucaso y su petróleo.<br />
<br />
---&#62; <b>El Grupo de Ejércitos “B”</b>, que comandaba <b>Fedor von Bock</b> (a partir del 13 de Julio <b>Maximilian von Weichs</b>), y que incluía el 2º y el 6º Ejército alemanes, el 8º Ejército italiano, el 2º Ejército húngaro, el 4º Ejército rumano y el 4º Ejército Panzer. Su misión, que recibió el nombre de <b>Operación Garza</b>, era llegar al Volga y cortar las comunicaciones fluviales, además de servir de protección al flanco izquierdo del Grupo A.<br />
<br />
Resulta difícil saber si esta decisión tuvo relevancia en el desenlace final.<b><sup>1</sup></b>  <br />
<br />
- <b>Segundo error</b>: Otra improvisación de Hitler puede considerarse como de mayores consecuencias: preocupado por la posibilidad de que el Mariscal <b>Semion Timoshenko</b> (un compinche de Stalin, no era un mal militar pero fue superado ampliamente por sus homólogos alemanes), al mando del Frente Sudoeste, consiguiera reforzar la defensa de <b>Rostov del Don</b> (la llave del Cáucaso), decidió enviar al 4º Ejército Panzer del general <b>Hermann Hoth</b> a apoyar al Grupo A. Sin embargo, poco después de que llegase a su nuevo destino y se desplegase, las tropas de Timoshenko se replegaron hacia el Este; a principios de Agosto Hitler volvió a mandar los blindados de Hoth al Grupo B, para que colaborase con las tropas que se empeñaban en el Volga y Stalingrado.<b><sup>2</sup></b><br />
<br />
Pero de momento pareció que las cosas iban saliendo bien. El Grupo B cruzó el Don el 26 de Julio, derrotaron en <b>Kalach </b>a los rusos y el 23 de Agosto llegaron a las afueras de Stalingrado. El Grupo A capturó Rostov el 23 de Julio, y el 9 de Agosto llegaban a los primeros pozos petrolíferos, los de <b>Maikop</b> (que los rusos habían incendiado).<br />
<br />
Centrándonos en el Grupo B, el ataque a Stalingrado comenzó con un bombardeo brutal, a partir del 23 de Agosto, que acabó arrasando la ciudad hasta los cimientos. Durante tres meses los alemanes se empecinaron en conquistar Stalingrado frente a la defensa desesperada del 62º y 64º Ejércitos soviéticos (comandados por <b>Vasily Chuikov</b> y <b>Mikhail Shumilov</b>, respectivamente); sobre todo del primero, que llegó a disponer de apenas un puñado de edificios en la orilla oeste del Volga. Gráficamente se dice que el 62º Ejército &#34;<i>se sostenía con las uñas y los dientes sobre la escarpada orilla oeste del río</i>&#34;.<br />
<br />
- <b>Tercer error</b>: Centrar la ofensiva en la captura de Stalingrado fue un grave error; sobre todo teniendo en cuenta que en realidad no existía ninguna necesidad de conquistar la ciudad; y, como hemos dicho anteriormente, ni siquiera era un objetivo prioritario.<br />
<br />
¿De quién fue la metedura de pata? Suele decirse que Hitler se obsesionó con “<i>la ciudad de Stalin</i>”, y se libró sobre el Volga una batalla de egos que terminó por ser fatal para la Wehrmacht.<br />
<br />
Pero no es tan sencillo: Stalingrado no tenía ningún interés para Hitler cuando diseñó su estrategia para 1942, y ni siquiera le dio prioridad: lo importante era cortar las comunicaciones entre el centro y el sur de la URSS, inutilizando el tránsito fluvial por el Volga y el ferroviario, que seguía una ruta más o menos paralela. Además, Hitler no permitía que tales sentimentalismos decidiesen por él las campañas.<b><sup>3</sup></b><br />
<br />
Tampoco para Stalin la ciudad ofrecía mayor emotividad que el recuerdo de una batalla que ganó (aunque los historiadores revisionistas pusieron en duda su contribución); una batalla curiosamente muy parecida a la que se libró allí en 1942-43, y en cuya memoria la ciudad llevaba su nombre. De hecho, el momento en que Stalin entró en pánico y emitió su famosa <b>orden nº 227 del 29 de Julio</b> (popularmente conocida como <i>”¡Ni un paso atrás!”</i>) fue cuando los alemanes cortaron la última línea de ferrocarril directa entre el centro de Rusia y el Cáucaso. Para él, Stalingrado fue un yunque en el que las tropas alemanas se estrellaban, mientras él alimentaba las tropas que defendían la ciudad con lo justo para no ser arrojados al río y la Stavka preparaba su venganza.<br />
<br />
¿Por qué pues, acabaron los dos ejércitos en una desesperada batalla “<i>a cara de perro</i>” precisamente allí? Pues porque, a pesar de lo dicho, Stalingrado era la ciudad más grande y el centro industrial más importante de toda la región. Sus fábricas (“<b>Barricada</b>”, “<b>Complejo Octubre Rojo</b>”, etc) fueron duramente bombardeadas, pero su producción no se detuvo; era conveniente, pues, ocupar la ciudad.<br />
<br />
Sin embargo, una vez fracasados los primeros intentos de tomar la ciudad por la anterior destrucción producida por los bombardeos de la Luftwaffe -que transformó el campo de batalla en un amasijo de escombros que favoreció la “<i>guerra de ratas</i>” rusa (veremos esto en seguida)- el empecinamiento alemán en conquistar la ciudad sí es típicamente hitleriano y de su entorno adulador. Hitler funcionaba como el jugador de póker que nunca se retira cuando cree estar en racha; varias veces, durante la batalla -incluido su discurso anual del 8 de Noviembre [<b>imagen</b>]- declaró que, cuando el soldado alemán (o sea, él) llega a un sitio, jamás se retira.<b><sup>4</sup></b> Y sus generales competían en “<i>hacerle la rosca</i>”: Paulus, por ejemplo, quería conquistar la ciudad y “<i>ofrecerla</i>” como regalo al Führer para el aniversario del 8 de Noviembre.<br />
<br />
- <b>Cuarto error (posible)</b>: suele señalarse en los libros que convertir la ciudad en un campo de escombros favoreció la defensa de los rusos, porque se anuló la superioridad en blindados de los alemanes; y, al estar las tropas entremezcladas, los bombardeos y la artillería tampoco resultaban eficaces. Sí, pero ¿puede considerarse un error? Difícilmente, pues hasta entonces los alemanes habían obtenido unos buenos resultados con los bombardeos de ciudades (como Varsovia, o Rotterdam) que producían el caos, aterrorizaban a la población y aceleraban la rendición del enemigo. Si nos lo tomamos como una metedura de pata, en todo caso lo fue por no tener en cuenta la geografía de Stalingrado y la respuesta de sus defensores.<b><sup>5</sup></b><br />
<br />
En el próximo capítulo estudiaremos los errores de la batalla en sí.</p><p><strong>etiquetas</strong>: hitler, stalingrado, paulus, chuikov, wehrmacht, ejército rojo</p><p>&#187;&nbsp;<a href="https://beta.mediatize.info/go?id=32726" >noticia original</a> ()</p>]]></description>
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