El otro día estaba en un restaurante y en la TV emitieron el último caso de policía usano blanco dispara y mata a joven negro. Un parroquiano exclamó que era una barbaridad, que no había derecho. Lo que pareció no ver mi compañero de tasca es que en la interacción policía-ciudadano ese hombre había hecho todo lo posible para ponérselo difícil al policía, y no de la manera más pacífica posible, hasta el punto de convertirse en un peligro para el policía.